lunes, agosto 19, 2013

JAG


Jornadas atrás estuve en el exacto lugar que se halló John Atkinson Grimshaw. Es decir, frente a éste óleo sobre cartón que él tituló Noche con Luna. Posiblemente es una calle que todavía hoy exista cerca de Temple Newsam Road en su Leeds natal. Posiblemente. O es todo ficción, muy probablemente. Su gestación comenzó en el año  2633 ab urbe condita. El mismo año que Flaubert expiraba  a causa de un derrame cerebral, Edison se escacharraba los cuernos para que su tren eléctrico andara y Disraeli perdía las elecciones.
En realidad acudí a la exposición  con el propósito de acechar otras cosas; sin embargo tempranamente  me tropecé con él. La imagen me deslumbró, quizás porque se encontraba escoltada por otros lienzos de impresionistas franceses con temática similar, y esta circunstancia le otorgaba una nitidez y una pureza añadida.  
Al cabo de quince minutos, alguien de mis acompañantes me llamó al orden porque ellos habían examinado toda la muestra y yo  persistía  fondeando en la segunda sala, anclado frente al cuadro, pasmado, preguntándome por aquella solitaria figura femenina, tan absorto como las gaviotas de un Hopper que había contemplado en la primera estancia. Pensé en ello; pensé si Grimshaw se adelantó a Edward Hopper en el asunto de atrapar el instante y en la representación de los paisajes atónitos. Luego desconfié de mi percepción; porque la estupefacción de los personajes  que el artista neoyorquino  retrata, es el del aturdimiento de quienes no esperan nada y se limitan a respirar. Sin embargo la dama de Grimshaw, aunque inerte, aguarda. Existe en esa pintura  una demora que nos hace observar expectantes un suceso pendiente que nunca conoceremos; ignoramos el origen, el presente y el desenlace de la situación, y en ese silencio paciente se nos invita a fabular. Esa es la concepción particular que siempre he considerado entre lo que es arte y  lo que no lo es. Toda obra maestra es sencillamente un punto de partida a otros universos que han de revelarse.

2 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Me encantan las pinturas de Grimshaw, amigo Conde, y estoy de acuerdo en tu apreciación de que el auténtico arte es como una puerta abierta hacia otros universos. Me ha ocurrido a menudo: ante los cuadros de Grimshaw —aparte de admirar su indudable encanto y belleza— me quedo parado y expectante, y al rato me voy adentrando en la obra, de manera que me da por imaginarme en esos caminos como una figura más. Se podría decir que los vivo. Y sí, claro, fabula uno con ellos y se inventa cualquier historia (¿o quizá la escucha?). Parece que esa imagen estática del cuadro estuviese, después de una atenta observación, plena de movimiento, ¿verdad? Además de que el camino de esa Noche con Luna invita de por sí a transitarlo. Te atrae la mirada. Me recuerda a lo que una vez llamé "puntos de huida".

Un abrazo, amigo Conde. Me alegra saber que por fin has regresado a ésta tu casa virtual.

Antonio HM
(lobo estepario)

Conde de Galzerán dijo...

Gracias Antonio por tus siempre apreciados comentarios y disculpa
la tardanza en responderte.
Si es que vamos como locos, a veces.

Un abrazo amigo.