viernes, julio 27, 2012

Siesta



Bochorno. El erial es abrupto. Polvoriento. El aroma del  azahar me miente; suaviza el aire. Fantaseo un paraje ameno porque los jilgueros pían una canción sabida. Hay un arroyo. Un rumor. Una ofrenda de fresca agua cristalina. Mi alma toda miel.
Bochorno. Es  un simple reguero árido y un cañaveral mustio. Un áspid  que ansía dentellear, repta. En el piélago desecado una oscura tartana zíngara, vaga sonámbula en el cieno. Mi alma toda lodo.
Despierto. Mis pequeñas cosas de siempre, bajo el cielo plácido.




7 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Hola, amigo Conde.

Me gusta mucho leerte: "el aroma del azahar me miente"...
¿Es tuya la foto del erial?
La canción la conocí en la versión de Iva Zanichi, y me trae buenos recuerdos. Gracias.

Un abrazo.

efe dijo...

Dibujo de un paisaje real que invita a uno de los mejores inventos del hombre.
La siesta.
Saludos

Conde de Galzerán dijo...

Esta de Bobby Solo, tampoco está nada mal, Antonio. Un abrazo



Saludos Efe.
Pues sí; todavía recuerdo a Cela hablando sobre sus siestas con pijama y orinal. Hasta las siestas no son lo mismo, parece.
Gracias por tu comentario.

Antonio Castellón dijo...

Amigo Conde, ¿no crees que ya se alarga demasiado esa siesta? Esperamos tus buenas letras.

Un abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

Quehaceres y otras labores, amigo Antonio. Fechas de desconcierto, también. Si tomo carrerilla, mis siestas pueden ser arriesgadas y transmutarme en Talía (con barba de dos días) detrás de unas zarzas.

Un abrazo fuerte.

Isabel Mercadé dijo...

Me alegro de no haberme perdido esta larga siesta. A mí también me ha gustado mucho. Y me alegro de haberme reencontrado con el amigo Antonio Castellón.
Besos.

Conde de Galzerán dijo...

Feliz, de tu paseo por aquí de nuevo, Bel. A ver si logro “desagobiarme” un poco, y vamos a tomar unos ajenjos juntos, un día de estos.
Besitos estresados.