miércoles, diciembre 28, 2011

Satura matutina del yambógrafo.

Cuando por fin llegué a Nueva York, ya no había nadie. Tampoco en Tánger.

El clado sí estaba. Allí y sobre las aceras de mi calle, pero no logro despertar.

Anhelo desadormecerme por no leer chismes de niños para mayores,

para no convertirme en hoja seca que arrastra el tiempo.

Codicio surgir de esta somnolencia para que lo nimio olvide ser sublime;

por si acaso los despiadados mercaderes de la nada renuncian a ser religión.

Desvelarme ya siempre, y descubrir de una vez por todas, por qué te quiero.



6 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Feliz año nuevo, amigo Conde.

Un abrazo.


Antonio
(lobo estepario)

Conde de Galzerán dijo...

Que lo sea para ti también, Antonio.
Hay que ver la parte positiva del estado de las cosas. En realidad, casi todos estamos en el mismo punto en que nos encontrábamos cuando tú y yo teníamos quince años. Nos han restado un montón de primaveras y todo vuelve a estar por hacer.
Un abrazo, amigo.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho, aunque la conclusión me ha descolocado un poco porque al principio había entendido que iba de algo más metafísico/social.
También me gusta mucho lo que le dices al lobo.
Mis mejores deseos para ti, Conde, en este 2012 (y también para Antonio).
Un besazo.

Bel

Conde de Galzerán dijo...

Hola, Bel. Entiendo tu descolocación. En el texto, me fui y después volví al lugar del cual no había partido. Es lo que suele ocurrir cuando uno escribe de un modo maquinal e instantáneo.

Te deseo lo mejor para este 12.
Petons.

Lady Blue dijo...

En dificil propósito te has embargado... descifrar, analizar, y desmembrar los asuntos del corazón son una tarea en la que uno se puede perder para no regresar jamás. Lo lograste...?
un abrazo querido Conde

Conde de Galzerán dijo...

Hola querida Lady. Creo que uno nunca logra descodificar los propósitos del corazón, bien, bien, del todo. Uno puede abominar al mundo, pero siempre es él -el corazón-quien te devuelve a la ilusión de estar en la tierra y soñar en sus promesas.
Alegría de verte por aquí.
Un abrazo.