miércoles, noviembre 02, 2011

....tes rêves ne sont plus ceux d'un enfant...

…. el rayo verde, agoniza extenso sobre el rasgo de la colina y la luminiscencia del atardecer desea estallar sobre los losas del jardín, pero simplemente se enuncia como una caricia tibia y quebradiza, entre las sombras de las últimas hojas vacilantes. He ahí, esa luz que espero que suceda cada año. Breve. Insignificante tesoro propio. Ese frágil Sol que hurto para mí. Recuerdo a Peri Rossi decir que a cierta edad uno ya no puede suicidarse; sólo auto- eutanasiarse. El aire dulce huele a disgregación, a vino.... y flota una indulgencia privativa.

Antes que las luciérnagas urbanas se enciendan, entre las nubes desleídas creo escuchar este dócil arpegio….



4 comentarios:

mjromero dijo...

Mucho antes nos encomendábamos a los dioses, de distintos olimpos.
Es preferible encomendarse a la palabra, aunque sea para destrozarla y destrozarnos. Es la fragilidad de la voz.
No se eutanasie, aunque eutanasia sea una palabra hermosa.
Un abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

Mejor encomendarnos a la palabra, María Jesús. Me auto-debía unas frases para este otoño; una pizca de saudade para las anuales hojas muertas. Pero como ando por el dique seco, eché mano del fondo de armario.
Gracias por tu paseo hasta aquí.
Un abrazo.

Fran dijo...

bueno, conde. En realidad la capacidad de advertir esos matices en la naturaleza es algo propio del infante, más grande creo que el adulto para ciertas cosas. Hay que romper con la inercia de creer que ir cumpliendo años es malo. Culpo de esto al corte inglés y a los modistos marisabidillos. Dentro de algunos años, cuando no ahora, deberíamos tener la actitud de: ¡¡¡Soy viejo!!! ¿Te pica algo? Porque si quieres te lo rasco...

Conde de Galzerán dijo...

Cuando era un jovenzuelo y me soltaban el día de mi cumpleaños, aquello de ¡Felicidades!, no entendía nada. Ahora creo que poco a poco lo voy pillando.
Parece ser que a ciertas edades, hay que aplaudirse por abrir los ojos cada mañana y celebrar una resistencia biológica y una entereza fortuita, de las cuales ninguno tenemos mérito.
Un abrazo Fran.