miércoles, noviembre 30, 2011

Impactus


Hacía alguna temporada que no recibía un impacto visual. De esos que me recuerdan que todavía estoy vivo en este afeado mundo que me encharca y me empequeñece día a día, y que el único camino de escape que me consiente es acosar a la belleza. O al menos, hostigar a la conmoción del esplendor del arte, a modo del psicosomático síndrome de Florencia. Sin embargo esto no es de mi libre albedrío; sucede cuando sucede. A menudo he sido proclive a los angélicos descubrimientos súbitos y a la dulce histeria que me producen. Lo especial, es que la excitada perturbación se prolonga durante meses y suele acabar en una muesca grabada en mi alma, más apaisada pero indeleble en el decurso del tiempo.

Esta última sacudida óptica fue en los esbozos de este otoño, frente a frente al I martiri gorcomiensi de Cesare Fracassini. No sé cual es la causa de mi desasosiego. Desconozco si lo he de reputar al tema sórdido de la muerte, de la ejecución. Al sabor astringente que penetra por los ojos. Ese dejo estíptico de los pesados cuerpos, bajo los polvorientos hábitos pendidos en el aire como lúcidos poemas de François Villon. O al derrumbe de luz cenital sobre las amargas y yertas espaldas de la veintena de monjes; la incandescencia de las cabezas, de los rostros, de los gestos insurrectos de los Mendigos del Mar. Acaso sea, que entre las sombras lúgubres de la estancia conviven, desvanecidos paralelismos con el hoy.

Una subrayada imagen para mi particular acopio eidético; para mi colección de encarnaciones misteriosas subrayadas. La reproducción es buena, aunque nada hay como enfrentarse a los taninos visuales que desprende al natural; a los antocianos sensoriales de ese óleo sobre tela de 1867.


2 comentarios:

Fran dijo...

yo soy poco dado a esos impactos estéticos, conde. En este cuadro, a bote pronto, parecen concitarse caracteristicas favorables: la escena tremebunda, abigarrada hasta el hedor de axila. La crueldad casi divina de quien ejerce el anatema mortal. El colorido, el extasis, la atareada y vulgar ejecución ....

Conde de Galzerán dijo...

Hola Fran. Yo tampoco sé muy bien que es, ni tampoco que es lo que me hizo reparar en él. Sólo sé que fue un “momento único.” Hay imágenes que se tocan con la mirada. A veces, creo que reside más lo sublime en un cuadro olvidado como éste, que en toda la Basílica de San Pedro junta.
Un abrazo.