lunes, noviembre 14, 2011

Agenda matutina







Amanece y llueve ya. No parece que hoy vaya a ser un día significativo. No sé por qué, al levantarme me acordé de un anuncio en Internet. Un tipo demandaba con frenesí, una mujer para que le seccionara la pija con un cuchillo carnicero, un fileteador de hoja grande. Realmente, si uno se pone a reflexionar, encuentra que hay gente con aficiones bastante estrafalarias; lo que me da rabia es no saber si hubo alguna que acudiera.

Bien, prepararé un café mientras finjo que hoy es la fecha en la cual voy a dejar de fumar y me apresuraré a apuntarlo en algún lugar, como si se tratara de una efeméride crucial, como las otras veces. Mientras recompondré de nuevo la escena del padre agonizando en hospital y la madre celosa maltratándole verbalmente. Si en la nevera hay algo, desayunaré, algo. Si no, habrá que bajar al pueblo. En caso positivo, entretanto mastico, decidiré si hay que colocar una reja o una jaula para la estancia en Brancaleone Calabria. Sería una imagen estupenda, a modo de Pound en Rapallo. Impactante, frente al proscenio. Si no se me ocurre nada, me regresaré a la cama y me la pelaré un ratito pensando en Rosi; pero me da pereza. Si al menos… ella estuviera aquí.

No. Será mejor que aproveche el tiempo. Oiré un poco de música, algo de Rita Indiana quizás, y luego escucharé a ver que dice de nuevo Rafael Argullol en la tele. Inmediatamente después evocaré aquella apacible caminata desde la Porta Nuova hasta la Palatina de hace tres otoños y encenderé el último pitillo fisgando el cielo encapotado por la ventana de atrás. Así mantendré lejos de mí los lagartos que me queman la mente. Antes de esto, debería decretar con qué aire mi protagonista se apunta la sien derecha con el revólver y como lo enlazo con la escena de los billares y la rubia en el bar. Cada vez me gusta más esa frase que a ella, le hago decir - Billares los hay en todas partes. Rubias como yo, no.-

Diría que hace frío. Juan Ramón Jiménez también sufría el frío cuando escribía. Se embozaba con mantas. Lo contó alguien en una tasca de las Ramblas. ¡Qué efigie tan formidable! Debió ser como mirar al Terapeuta de René Magritte.

Sí. Me calzaré un par de calcetines sobre los dos otros pares que ya llevo puestos. No vaya a ser que me muera congelado y luego el forense de turno, me hinque en el culo un termómetro para descifrar los celsius de mí algor mortis.

Si resta tiempo, lo emplearé para canturrear aquello de … nana nananá naná naná …..é un macaco senza storia … dice lei ….di lui……..

3 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Hola, amigo Conde.

A mí también me gusta mucho la frase: Billares los hay en todas partes. Rubias como yo, no. ¡Es muy buena!

¿"macaco senza storia..."? No lo dirás por mí... (jeje)
Por cierto, ¿dejaste ya de fumar? ¿Qué es eso que te humea entre los dedos?

Un abrazo, Conde, y buen día.

Conde de Galzerán dijo...

Hola Antonio. Lo de macaco se lo inventa Paolo. Sin saber por qué, la imagen inicial que acude es la del hedonista macaco japonés. Esos que disfrutan de bañera con hidromasaje. De ahí el texto.
Un abrazo, amigo.

Lady Blue dijo...

Me ha encantado! Me intriga como quedaron los asuntos concernientes a ese día. Supo si alguna acudió a la cita? Dejó de fumar? Desayunó? La protagonista dijo su frase? Qué dice la canción?
P.D. Pereza querido Conde...? ;)