miércoles, agosto 31, 2011

Nuevas Españas

El tres de Octubre de 1966 se inauguró un colegio “moderno” en pleno “aperturismo” de la Nueva España de entonces, al que fui precipitado durante cuatro yermos años. Era la Nueva España donde apenas fue obligatorio saber latín ni griego; de iglesias post-vaticanosegundo con líneas quebradas y celosías pop y sobretodo, pisos sociales con mucha aluminosis.

Una Nueva España de las miles Nuevas Españas que cíclicamente es rebautizada la misma España del siglo XV. Es decir, ablución de jeta, un dedal de fijador y una miajita de agua de Colonia a granel. De nada sirve, porque no es ético secarse el culo y la cara con la misma toalla. Sólo conduce a más pobreza y a más indignados.

Tras el tres de octubre de 1966 llegó el catorce de Noviembre de 1968. El director detuvo las clases para informarnos que había fallecido Ramón Menéndez Pidal. Pensé entonces que debía tratarse de un héroe como Pizarro, pero no. En su soflama redujo sus proezas, a las de haber permanecido impertérrito debajo de un peñasco basculante y a la hazaña de aprenderse un listín telefónico de memoria.

Nada dijo que Pidal rescató el presunto original del Poema del Mio Cid de las universidades norteamericanas para revenderlo a la Fundación March. Ni que se dedicó – mientras Deyermond y Smith exasperados, se descuajaban sus cueros cabelludos ingleses - a emborronarlo de anotaciones, a rescribir palabras que no se “veían”, a mancharlo con ácidos para averiguar el año de su datación ó a componer una nueva Historia de España más bonita y llevadera.

En la actualidad la escuela está como el primitivo ejemplar del Cantar del Cid. Hecho unos zorros. Tanto, que ya no es un colegio sino que ha devenido un asilo de ancianos, dirigido por las felices hijas de aquel director. De este modo, es más fácil impresionar a los abuelos dolientes que a los educandos de hoy.




2 comentarios:

Fran dijo...

es patético que toda una generación venerase a un señor por aprenderse un listín telefónico de memoria y demás proezas circenses. Este post -y el precedente- me gustan por lo que tienen de testimonio, estiloso, que ya no se llevará el viento (tal vez un apagón informático).

Conde de Galzerán dijo...

La verdad es que no suelo recoger lo que escribo. ¿Alguien guarda una representación de teatro? ¿Alguien archiva una instalación o una performance? ¿Una conversación en un café?
Cuando los gusanos, troyanos y demás “viruses” cyber conviertan en rico pasto mis escritos, habrá que empezar de nuevo. Mejor dicho, habrá que seguir escribiendo.

Un abrazo Fran.