lunes, agosto 01, 2011

Excursos IV

Hasta aquí hemos llegado. Pero suma y sigue.

Campos fertilizados de lexemas mecanografiados ocupan espacios aparentes. Insonoras voces-boca sin orejas con soufflé de ojos emparedados. Alguien a quien escribir. Escribir a alguien. Asuntos idénticos pero desiguales.

Resta hablar del otro adueñado, del otro capturado, como si el otro fuera otro tú. El mismo tú. Ilícita mimesis sobre el otro. Entretanto, adorar al ajeno cadáver que no fuimos capaces de lamer mientras tanto; entonces, cuando aún se movía entonces. Y mientras tanto sigamos habitando el labrantío escaparate durante. Y sobre él, izar la cabeza por encima del horizonte, tanto, tanto, sin confín, hasta ser capaces de otearse uno a sí mismo. En la deriva ninguno sin embargo.

Hasta aquí hemos llegado pero no hemos logrado la cima. Suma y sigue, porque la cumbre es inexpugnable afortunadamente. Lo prudente sería regresar hacia atrás, pero ya no es posible.

Resta amar a los bichos, a los rumores, a las hortalizas, a los resplandores, a los guijarros y vociferar esa parafília por las sendas vacias de los ocho vientos cuando ya no queda alguno a quien amar. Callar el oprobioso vero fetiche y nutrirse refinadamente de presuntas almas ireneas en el morral de los ausentes.

Resta arrastrarse revolcados hasta que el omnipotente varilarguero nos incruste la dulce divisa añorada para ser por fin avizorados eternamente. Advertidos y reverenciados por el otro, los otros, los terceros allendes, los demás pares y los alteresegos.

Entre sosos parabienes y cumplidos bobos, arar las composiciones; la lírica en gayas, en listas, en tiras para que el estiércol no hieda y la épica rubricarla desgañitada en trayectos inagotables, a modo y manera de reyerta de furcias. ¿ Y el drama? … surge solo, como una farsa, una tragedia que lo desdicha todo.

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