viernes, julio 01, 2011

Pseudo-Excursos

Corte a navaja, afeitado y apostilla. Ahora, Sánchez se sentía traidor al barbero de toda la vida. Ah! Miliu.

Aplicada ya la brillantina, con los ojos entreabiertos atisbaba aquella pequeña cabecita de cabellos lacios entre sus piernas. Un ritmo a modo de musak volaba en la especie de carlinga y hablaba de un holocausto. De otro.

Ah! Miliu, razón tenías, cuán alejados andamos de Longino; acabaremos todos en manos de los hijos de Zhejiang.



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