miércoles, junio 22, 2011

Rarezas

Al parecer para un castellano-parlante, pronunciar la palabra catalana Roig (rojo), es tarea imposible. Lance, que no acabo de discernir. En los intentos, he escuchado cosas como “roíj”, “roí” o simplemente, “ró”. Los más prácticos dicen “roy”, y los que pasan de todo, “royo”. Fonéticamente, no me parece un vocablo difícil de pronunciar. Para el castellano-hablante bastaría con decir “Roch”, que es el sonido correcto. Así por ejemplo, me consta de primera mano, que en la zona turolense de la comarca del Matarraña, hay una población donde el topónimo oficial es Monroyo pero que sus habitantes y los vecinos del área lo denominan Montroig o Monroig. O sea, “Monroch”.

Hablando de Monroyo o Monroy, acude a mi memoria un personaje que no acaba de cuadrarme. Hernán Cortés Monroy. Conquistador del Imperio Azteca, en los albores del siglo XVI. Nacido en Medellín. Colonizador español que fue el primero en enviar expediciones a California y a algunas islas del Pacifico, pero que extrañamente no fundó ni bautizó ningún lugar. Entre sus hombres de confianza, había su subalterno, un tal “Fortún” Jiménez que nadie sabe donde había nacido. Cortés sí, en Medellín. La memoria histórica no fue tan dura con Joan de Grau i Ribó, Barón de Toloriu, capitán de las fuerzas bajo las órdenes de Cortés desde el inicio. Eso me hace pensar, que hacer amigos de confianza en la España de los siglos XV-XVI era más fácil que en la actualidad, y eso que ahora, disponemos de autopistas, teléfonos móviles, Facebook y Linkedin entre otros medios. Alguien de Badajoz podía intimar con otro del norte de la provincia de Lérida y montarse una aventurita en las Indias donde podían dejarse la piel.

Y es que Hernán Cortés fue realmente paciente y contumaz. Porque no sólo debió luchar contra los pueblos amerindios, sino que tuvo que derrotar en varias ocasiones a otros “compatriotas”, representantes del Gobierno Español de entonces, como por ejemplo a Diego Velázquez de Cuéllar, primer gobernador de Cuba, a su lugarteniente, Pánfilo de Narváez, o a Nuño Beltrán de Guzmán, Gobernador Presidente de la Real Audiencia.
Españoles todos ellos, que le hundieron sus carabelas, mataron al “Fortún” de marras y que no caían excesivamente bien al obispo Fray Bartolomé de las Casas, nacido en Sevilla, pero que sorprendentemente publicaba sus obras en Barcelona. Tampoco el alcalaíno o complutense, Miguel de Cervantes, les tenía demasiada simpatía, según leemos en El Quijote.

Ellos dijeron que Hernán Cortés fue un traidor a la Corona española. El rey Carlos I, diríase que no compartía sus opiniones, dado que el 20 de julio de 1529 le concedió el marquesado del Valle de Oaxaca. Y un escudo de armas.
Pero sigo sin comprender, “las rarezas de Cortés”.Este se empecinó en modificar su blasón otorgado. Erre que erre, tenía que incorporar la presunta divisa de los Monroy en el mismísimo centro. Una divisa ésta, que rezuma la idiosincrasia de la tierra extremeña, por los cuatro costados.




Blasón de Cortés, dispensado por el Emperador Carlos I .



Blasón de Cortés, modificado y tuneado por el propio Cortés .

( escudos hallados en wikipedia )

4 comentarios:

Fran dijo...

no es que no puedan pronunciar la ch,conde, es que les parece innasimilable, aberrantemente ilógico que Roig tenga que pronunciarse Roch por cojones y ya no 'pueden' vocalizarlo. Lo sé porque así me ocurrió a mí, antes de ser asimilado por las valencianas tierras y coaptado para su fonética (no se puede permanecer eternamente neutral).

Conde de Galzerán dijo...

Debe ser que vivimos en un país de “corregidores”, Fran. ¿Para qué decir Alberic, Regensburg, Aachen o Bernd Shuster?. ¿Para qué cosas raras?, con lo fácil que es decir Alberique, Ratisbona, Aquisgrán o Bernardo. Con lo sencillo que es decir queso ¿para qué decir fromage?

Bel M. dijo...

Mi querido Conde,
Muchas gracias por su visita. aunque no deje señales, yo tampoco he dejado de pasearme por aquí. Me he divertido con esta entrada. Mil gracias.
Y todo lo demás, ¿cómo va?
Un gran abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

Conoces mis gratos paseos por tus brumarios ababoles -nada brumosos- y
me satisface que estimes ameno este post, mi considerada Bel.
Las mil gracias son para ti; todo lo demás, yendo.

Otro gran abrazo.