domingo, junio 19, 2011

Family

Ni zorra idea. Ni pajolera idea de química. Ni puñetera noción. Bien, se trata de reacciones. ¿Reacciones? Sí, bueno, de fenómenos. Tranquilo. Menos aún. Ni puta idea. Todos lo confiesan instantes antes de hacer añicos la primera pipeta de veinticinco centímetros cúbicos.

Acabado el trabajo, se suele llevar probetas, matraces, tubos de ensayo sucios, a ese sector. Luego aparece un tipo bajito y serio. Enguantado. Endelantalado. Silbando. No sé que silba. Nunca reconocí su melodía. Pero seguro que silba. Debe silbar algo. Pero no acierto qué. Es andaluz de no sé que parte. En realidad no sé si es andaluz. Podría ser que no fuera andaluz. De cualquier punto cardinal vale. Pero habla como un andaluz. Tiene ese deje. Entiendo. Un acento. Sí, exacto. Arrastre y recorte. Aspiración, diríamos.

Se pelea con todo el mundo. Nunca conforme con nada. Pero conmigo siempre es cortés. ¡Vaya!. Sí, sí. A veces deja de silbar y me sonríe. Quizás es que soy el único que lo trato bien. Lo ignoro. Desconozco la causa. Es un buen tipo. Cuentan que apenas sabe de crisopeya tampoco. Pero sabe pitar. Chifla en continuo. Como si estuviera perdido en un bucle. En un serpentín sinfín. Esto le debe hacer sentirse bien y debe ser más útil para él. Sisea mientras prepara una mezcla. ¿Mezcla?.En efecto. Acido Sulfúrico y Dicromato potásico. Alquimia de baja intensidad. No debe creer en los detergentes. Ni en los saludos. Gálvez. Se llama Gálvez, dice.

Hay otro menda, un individuo con mostacho a lo Morrison, que no silba. Tararea. Canturrea viejas canciones de Family. Las reconozco. Y me emociona. Me emociona oírlas de nuevo. Te comprendo, hablas de sensaciones. De sentimientos delirantes lo calificaría yo. Luego,... luego él toma con vesania su pipeta de cincuenta centímetros cúbicos y por un segundo la convierte en una Fender Stratocaster entre riffs y liks. Un pie busca un wah-wah que en realidad está en el interior de su boca. Eso es magnífico. Gira la cabeza y ve a otros que pipetean sustancias diluidas dentro de los matraces. ¡Chupad malditos! Aúlla.

Cuando comparece alguien nuevo, deja de cantar y siempre dice que Gálvez no habla con nadie porque es irlandés. Sólo entiende el inglés. Solamente. Sí. Un anglosajón con acento de Galway, añade. Y que en verdad, se llama McGálvez.

Todos los recién llegados se acercan con su mejor entonación británica -y con cierta dosis de expectación y timidez- a Gálvez -McGálvez.

What about you, mister McGálvez?

¿Pero qué dize, piltrafiya, ….que é lo que quiere?… ¡anda a tomá po culo!





2 comentarios:

Fran dijo...

Buenas, Conde. Creo que mucha gente aparentemente 'normal' vista de cerca presenta considerables rarezas. El trabajo de cada cual es un campo abonado para percibir esto con inquietud, con desasosiego, pero recofortados por no ser los únicos.

Conde de Galzerán dijo...

Te arrojan a la carretera y no queda otra alternativa que emprender el viaje. A menos que con seis meses tengas los huevos ya tan duros, como para tomar la decisión de inmolarte con un dodotis en la cabeza o lanzarte con el andador a ciento cincuenta por el balcón del comedor. Ya que estamos, hay que ser. En la excursión me voy encontrando gente sorprendente, que vale mucho la pena acompañarlos, aunque sea sólo un trecho; hay otros que, como decía Gayo V. Catulo, no valen ni valdrán, ni un as.

Un abrazo, Fran.