miércoles, junio 08, 2011

Excursos I

(Dido enseña Cartago a Eneas, Claude Lorrain, Kunsthalle, Hamburgo)

Cavilo sobre la sexta Res Non Naturalis de Galeno, - aunque de algún modo ya lo habían postulado Hipócrates y Esculapio- y sí, puedo admitirlo; aceptar que los afectos del alma son una discrasia; y por ende me atrevo a juzgar, que esto zamarrea ferozmente la teoría de los humores.

Asumo que la Bilis Negra someta al desorden al Melancólico. Pero el amor – máxime, el amor sancionado- es pura Bilis Negra y tanto el Sanguíneo como el Colérico, también son martirizados por ella. Incluso, el Flemático.

Sí la reina Dido- Elisa para los amigos, y desconozco el humor que gastaba con ellos- hubiese hecho caso omiso del Argumentum Tripodium de Eneas, revendido por su futurible suegra, no hubiera aparecido el antropomórfico Rumor y la soberana viuda no habría ido de boca en boca, ni habría acabado en la parrilla, ensartada como un pinchito moruno.


Diría que la exiliada dama de Tiro era toda ella primavera. Porque hay que ser incauta y boba para creerse a pies juntillas todas las trolas de Hoplita de un marinero machote, caudillo de un tropel de escaramuzadores afeminados. Y tonta, por no saber que las suegras tienen mala fama y no haberse leído la paradoja de Eubulides de Mileto, que seguro que para entonces era un escritor de moda.

Después de todo, la madre del troyano –eso sí, bellísima- siempre andaba pringada de semen y brea, medio desnuda y parlanchina, haciendo chirriar las sandalias de sus divinos pies. Claro está, que quien la censuró era Momo. Y ya sabemos como las gastaba esa deidad. Un holgazán, archicrítico con todos; desconfiado del mundo, recriminaba a Vulcano no haber ubicado una ventana en el pecho de los humanos. Gracias al hipotético suegro de Eneas que no lo hizo. Ya que –como cuenta Tristan Shandy- en la dieciochesca Blanca Albión se pagaban impuestos, hasta por tener ventanas en casa.

4 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Hola, nocturno Conde.
No me he enterado de casi nada, pero alucino con tu vasta cultura clásica y con el arte con que manejas las letras. Gracias por esta joyita, que me impele a bucear...

Un abrazo, amigo.

Conde de Galzerán dijo...

Gracias, amigo Antonio, pero no soy vasto en nada. En realidad, escribo lo primero que se me ocurre. Sigo ( a estas alturas) anclado en el paso de la niñez a la madurez, enamorado de Beatrice y más o menos, escoltando el sendero de Max Demian.

Un abrazo.

Fran dijo...

Hola, Conde. Este relato me parece una filigrana latina con la esquisitez de un bordado en oro sobre un tapiz de seda.

Conde de Galzerán dijo...

Jaja! ….si no supiera de que hablas, hubiera apostado tres de los grandes, a que la definición era la de un vestido de lagarterana.

Un abrazote, Fran.