martes, mayo 24, 2011

Mon inconnue

¿Cómo puede limpiar ese hombre ostras en plena calle a las doce de la noche en París, un siete de enero? Mis dientes han estado castañeando toda la mañana frente al Petit Palais mientras las palomas y los clochards batallaban por hacerse un lugar sobre los respiraderos del Metropolitano en Rivoli. Por su robustez he resuelto que debe de tratarse de un francés procedente de Miarritze o de Baiona.
En la cama de la habitación del hotel, hallo la calidez que he estado buscando todo el día. Desde fuera de las sábanas, debo parecerme a ese plástico cerdo que se estremece y sonríe en el duermevela del Palazzo Grassi.
Mi mente mosconea a Polnareff y finalmente me duermo, con la imagen de una chica, con vestido estampado a flores y vaporoso, a lo Bilitis, cerca de Dieppe. Una tarde de abril, de un alejado ochenta y uno.


2 comentarios:

Fran dijo...

la memoria es una perversión de la imaginación puesto que siempre se sazona lo sucedido en el recuerdo. O bien la imaginación es una perversión de la memoria puesto que combina demencialmente los hechos que ya no son. Cualquiera que sea la que predomine en tu literatura, memoria o imaginación, las dos están siempre presentes enriqueciendo tus textos.

PD: Tal vez predomine en tí la imaginación verbal y una suerte de memoria fotográfica de lo que pudo ser, si bien no fue.

Un abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

De acuerdo contigo, Fran. Con seguridad el recuerdo revisitado es una suerte de arreglo de la evocación, ante la indomable descomposición de la memoria personal. Sobre el recuerdo primigenio se tiñe el ánimo del hoy. Es decir, el pasado bajo los “hoyes del tiempo”.
Quizás la imaginación comenzó en el mismo instante del acaecimiento. Acaso.
En ocasiones estimo saludable el regreso sobre la remembranza desusada y deformada. A veces ésta, nos instruye sobre algo que entonces no aprendimos.

Abrazos.