martes, abril 26, 2011



Casi barbilampiños alcanzamos la cima del Pico del Mal. Arriba, solitarios y exagerados, nos adivinamos Sir Edmund Hillary. Decimonónicos y románticos, no dudamos en ofrecer y brindar la gesta a nuestras Dulcineas respectivas en un libro, un prontuario de afectos que existió en otro tiempo, en la cúspide.
Jorge, un tipo de mi pasado y más avezado al montañismo que yo, se incorporó como un vigía señalando hacia el suroeste. Entre el mar de lomas nevadas surgía enhiesta una mole lóbrega hacia los lugares donde expira el sol.
-Mira, ahí está la Piedra de la Horca. Esa es la montaña maldita de este niño país.
Luego, encendió un pitillo y comenzó a relatar un manantial de leyendas.

- Es peligroso ascenderla. Hay desprendimientos de rocas gigantescas y “tormentas secas”. Sin lluvia, se abaten repentinos relámpagos sobre la montaña de magnetita y carbón. A Fulanito que escalaba los tozales, un rayo irrumpió sobre él. Penetró por la boca y escapó por los pies. Solamente quedó una bola negra. Un amasijo de carne calcinada que cabía en una mochila pequeña. Sólo así lo descendieron-

Una década más tarde, hubo la necesidad de hallar cuervos. Había recorrido algunos parajes de los picos más orientales, sin éxito.

- En la Piedra de la Horca viven a montones- dijo Toni.

Él también parecía conocer otras leyendas.

- Al pie del macizo hay una aldea donde desde antiguo se conciben aquelarres. Hoy sigue siendo punto de encuentro de brujas de todo el mundo- prosiguió.

Semanas más tarde era otoño. De frente, el hechicero promontorio mostraba su aspecto más sombrío. Oscuro y amenazador se erguía desafiante entre los verdes bosques y prados. Un azabache cuerpo compacto se izaba hacia las nubes, adornado con una mecha blanca de nieve que caía entre los cuernos velados por la niebla.

Pernocté en el refugio y al amanecer, cargado con mi equipo de filmación, emprendí el ascenso sobre un áspero pedregal; un pétreo torrente a contracorriente. Arriba entre los dos borrascosos farallones, me tendí inmóvil, haciéndome el muerto. No tardaron las hordas de negruzcas aves a rodearme. Convertido en carroña inerte, empecé a filmar.

Desde aquella jornada he regresado, varias veces a contemplar su maléfica belleza. Ya no la he trepado más para contemplar los queridos tejados de mi pequeño país. Tan solo, simples días soleados entre las calles donde Picasso comenzó a dibujar, observándola cuando ella quiere dejarse ver. Cuando le apetece despojarse del fantasmagórico chal de niebla. La última vez, ella la diablesa, me hizo comprender que me ha vencido. Ella es eterna y no gozará más de mi juventud; yo he comenzado el trecho que me llevará a la vejez y ya no seré capaz nunca jamás de encaramarme sobre su pecho. No lograré otra vez, llamar a las puertas de su cielo.

6 comentarios:

sedemiuqse dijo...

Miradas huérfanas se pierden
en la síntesis de unos ojos...

besos y amor
je

Lady Blue dijo...

juventud divino tesoro, como nos decían nuestros mayores... Por qué estamos tan nostálgicos? Será el ambiente? Recuerdo a mi querida abuela que cuando iba a visitarla siempre me decía, nena disfruta de la vida! que en cuento menos te lo esperas te despiertas un día, te miras al espejo y ya no estás...pero nunca, nunca pierdas la juventud en tu corazón!
Nunca digas nunca jamás... lo aprendí de una pelicula de dibujos que veia con mis hijos cuando eran pequeños y se me quedó grabada...jjajajaa te dejo el link aunque no la he podido encontrar en español espero que te guste! yo disfrute enormemente con Fievel!! Es bueno sentirse niños de vez en cuando...;)

http://youtu.be/cIzevldxpaQ

Antonio H. Martín dijo...

Buenos recuerdos, amigo Conde.
Y creo que sí, que de alguna manera, y a pesar del tiempo, has vuelto aquí a subir a la cima de la diablesa. Tus letras han sido la sutil escala.

Un abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

Bueno, Sedemiuqse, creo que detrás de una mirada siempre hay alguien. Siempre es de alguien. Los trechos, ya son otra cosa.
Besos para tu/mi, Sur.



Eso es lo grave, Lady. Seguir siguiendo niño cuando el diamante se vuelve carbón.
Reconfortante tu enlace.



Sutil (frágil), la caza de recuerdos. Menos mal que todavía nos queda la diégesis para celebrar pasadas realidades.
Un abrazo, amigo Antonio.

Bel M. dijo...

¿Dónde estás? ¿Acampado en Plaza Cataluña? Sería lo suyo hace unos años. Ahora, me conformo con visitarlos de vez en cuando y apoyarlos.
Un beso.

Conde de Galzerán dijo...

Salud! Bel. Razón tienes. Era lo suyo. En mi caso en julio del 75, alistado bajo la bandera de la divina Acracia. Por lo que parece hoy, nada se movió entonces.

ptons.