lunes, enero 03, 2011

Un corte de pelo

Apenas he oído hablar posteriormente de ella y me atrevería a vaticinar que es en general una película muy poco conocida. Cuando la ví en su momento, en una de las múltiples salas barcelonesas de Arte y Ensayo que existían en otro tiempo, me causó una gran impresión. No sólo por la historia narrada sino también por la forma de narrarla. La crónica fílmica está basada en un suceso real. Un empresario, -un “jefe”-, decide que entre sus empleados no va admitir ningún currante “peludo”. Entre ellos, está André, (un jovencísimo Didier Sauvegrain) adolescente con cabellos largos.

Ante la amenaza del despido, su padre le prende del brazo y en el coiffeur más cercano le obliga a ser rasurado. La respuesta, de André no se hace esperar. Una inmolación con un bidón de gasolina y unas cerillas, a modo de bonzo vietnamita. La historia,- la real y la plasmada en el celuloide- puede parecer desmedida. Una solución exagerada a los ojos actuales. Pero en 1974, fecha en la que Philippe Condroyer realizó excelentemente el film, quizás fuera ligeramente más comprensible. Llevar el cabello largo no sólo era un estilo de protesta, de contestación esencial, sino que era una manera de dibujarse ante una sociedad que espachurraba especialmente a los jóvenes y a todo lo que se saliera de los confines de lo decretado e instaurado. Yo mismo y por el mismo motivo, como cientos de jóvenes, sufrí desde 1969 y durante largo tiempo, las guasas, las provocaciones y las imposiciones de una colectividad, fabricada con la materia que se confeccionan las barbacanas, las almenas y los matacanes. Claro está, que no todos tomamos el recurso que decidió André.

En la actualidad. El look juvenil es variopinto y libre; el mensaje subyacente es más tenue y menos acotado y quizás hoy, la historia de La Coupe à dix francs, pueda parecer más truculenta.

En 1971, James Taylor editó el álbum Mud Slide Slim & the Blue Horizon. Hay un tema en este long-play que siempre me pareció que trazaba el sentimiento más profundo de la emergente generación de entonces. (Hay muchas canciones y libros que hablan de ello, hasta la saciedad) pero yo diviso una inherencia más pura en esta pieza. Una correlación, de esa sensación-conmoción; de la reafirmación joven, de aquellos lugares, de aquel pasado.De aquellos, pelos.



8 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Ay, aquellos pelos, aquella melena que me cortaron en la puta mili, y que me prometí recuperar al salir de ese encierro.
Eran todo un símbolo de libertad. Era otra época, sí, pero el significado estaba muy claro.

Ahm en los 80

Hoy peino canas, pero nunca olvidaré lo que entonces fue una especie de apuesta por la vida.

Un abrazo, amigo Conde, y buen año.

Bel M. dijo...

Pues sí, preciosos y melancólicos los pelos que nos ha recordado, Conde. Que conste que la melena era un requisito indispensable en los chicos para ciertas chicas como Rita.
Un besazo para usted y otro para Antonio que estaba bien guapo con sus ondulados pelos.

Conde de Galzerán dijo...

Peinamos, amigo Antonio, peinamos. Y también rastrillamos recuerdos. Pero hay quienes ni se peinan ni se atusan. “Enfins”, un abrazo y gracias por pasar.

Conde de Galzerán dijo...

Siempre salí con chicas que se llamaban Rita.


Petonàs. Bel

Bel M. dijo...

Are you there?
Kisses.

Conde de Galzerán dijo...

Here, there and everywhere. Resumiendo: liado. Con más tiempo te cuento, Bel.
Double kiss.

Anónimo dijo...

Cortázar incluye un recorte de la noticia del suicidio de Jean Pierre en el Libro de Manuel, pag 56-57 de la edición de Edhasa.

Conde de Galzerán dijo...

Lo ignoraba, Anónimo. Gracias por la observación. Saludos.