domingo, diciembre 19, 2010

Muchos rusos en Rusia y muy buenos, los polvorones.

Zappeando una noche tiempo ha, me sorprendió ver una escena de una película en blanco y negro. La Fernsehen era alemana y por tanto, pillar lo que se dice pillar, no pillé nada. Solo deduje, que se trataba de un film cubano. Quise decir ¡Coño!, pero como había “ropa tendida” cerca, lo transvestí y el asunto quedó en Diantre, Caspitas o Caracoles. No me acuerdo realmente que espeté. Quizás en realidad debí decir ¡Vaya cojones tienen! ¡Estos cubanos saben hacer cine! Hace unos meses tropecé otra vez con la escena. Y toda la obra que contiene dicho cuadro. Se trata entonces, de Soy Cuba de Mijhaíl Kalatozov y como era de sospechar, Kalatozov no fue cubano, ni siquiera en 1963. Ni ruso. En todo caso levemente ruso. Era georgiano. Sí, exacto. Es el mismo director que realizó Cuando pasan las cigüeñas en 1957. Una joya cinematográfica que todavía –pese a lo llovido- brilla con luz propia y con dos secuencias inolvidables. (ejemplos, la de la escalera y la del tren).

La secuencia cubana que me llamó la atención aparece al principio. Un largo seguimiento, cámara en ristre, -de un, una,- party en la terraza de un hotel acechando a los integrantes de la fiesta, en una soleada mañana, presumiblemente de la Habana de Batista. Tras sortear todos los impedimentos imaginables, descensos y ascensos, la cámara y el operador acaban en la piscina y la contumaz secuencia sigue en ella, flotando en la superficie y luego sumergiéndose en el agua. Claro está, que si yo hubiese estado en el lugar del cámara, hubiera procedido del mismo modo, con tal de no perder el rastro de una im-presionante cubana blanca, y me hubiera arrojado también, ya no con la Beaulieu o con la Arrisflex de turno, sino incluso con todo mi Jaguar descapotable XK Cabrio, verde y oro, con tapicería fucsia.

Soy Cuba es la historia conocida, de la antigua isla Juana, desde Colón hasta Fidel. Y en Fidel se detiene y se regodea. Sin duda, es un panfleto político; propaganda castrista en manos de un Kalatozov genial y maestro. Tampoco no hay nada que no sea verdad; aunque el discurso huele a naftalina hoy, sí conserva como en pocos films, la autenticidad de los años que fue fotografiada. Sigue sustentando fuerza y la posibilidad de que el espectador se sumerja en esa época de una forma genuinamente revivida.

Tal es la proporción de lo que escribo, que en los años noventa. Martin Scorsese y Francis Ford Coppola la advirtieron y tras reverenciarla, se encargaron de reestrenarla en los USA, probablemente para que las nuevas generaciones de cineastas norteamericanos aprendieran a hacer cine de una puñetera vez.

Por rizar el rizo, he visionado recientemente algo pendiente. El Arca Rusa, realizada en el 2002 por el siberiano Aleksandr Sokúrov. Aquí Sokúrov amortiza infinitamente más, los quinientos euros que cuesta una steadycam y nos proporciona de una sola toma toda la película de noventa minutotes, hundiendo en la miseria a los técnicos de montaje y de edición. He de confesar que al inicio del filme tuve algún recelo. Pero a medida que fui avanzando me empezó a fascinar. La idea es semejante. Aquí el repaso histórico se repite pero en Rusia. Se canjean los paisajes de la bella isla caribeña por las no menos preciosas dependencias del Hermitage.

Personalmente, El Arca Rusa, la siento como un sueño. Son muchos los testimonios de ex-fumadores que me han revelado que al cabo de diez años de dejar el hábito de humear, siguen soñando que fuman mientras duermen. En múltiples ocasiones yo mismo en plena fase REM, he soñado que estaba dentro de una película o la estaba dirigiendo. Aventuro que Sokúrov le ocurrió algo parecido. Primero la soñó y luego hizo un alarde de maestría cinematográfica, emulando a Kalatozov.

He buscado la secuencia de I’m Cuba en youtube pero está cortada o en formato trailer. Por ello, pongo el final de la larga dosis fílmica, básicamente por la canción. Aún arriesgándome de ser señalado como un freaky severo, ahí está. Pero es que a mí, me mola.


3 comentarios:

Bel M. dijo...

¡Vaya! Hablas de dos películas que me fascinaron, cada una en su momento. Gracias por traerlas (ya sabía que algún día volvería a ser Rita). La segunda, la de Sokurov, la vi con un adolescente a quien también le fascinó. De hecho, la escena del baile he estado tentada de llevarla a las Amapolas un montón de veces. Aquí te la dejo, sólo para tus ojos ;):
http://www.youtube.com/watch?v=k1MF55G6DMA&feature=related
Un besazo.

Paula dijo...

Hace mucho que no disfruto de una buena película. De esas donde las secuencias son pausadas y la historia se va desarrollando con calma. Para prisas ya tenemos bastante con los lunes por la mañana. Alguna que otra he visto en el cine recientemente, que no estaban nada mal, pero sigo echando de menos el sosiego de las que acostumbraba a ver hace ya algún tiempo.
Será que últimamente no sé elegir.
Me gustó mucho el fragmento.
Un beso, Jojo.

Conde de Galzerán dijo...

Hola Rita, digo, Bel. Sin duda éste es uno de los momentos más emotivos de los muchos que hay. Un diez para ti.
Besazos y felices días.


Saludos Paula. Creo que hay películas sosegadamente trepidantes y otras trepidantemente sosegadas. También hay cine inocuo. Fútil. Insaboro. Es lo que más abunda. Me alegro que te gustara este cachito.
Besos y felices días también.