domingo, septiembre 12, 2010

Pegadizo, bailable, viral.



No sé cuantos años hacía que no me había fijado en una "canción del verano." Y no es que los últimos veranillos hayan sido cenizos o espantosamente aburridos. Al contrario. Pero este verano ha sido algo distinto. Han sucedido cosas peculiares y sin ser muy consciente de ello, me he encontrado que esta música me seguía por donde iba, o me la tropezaba en los lugares más insospechados. O es que este ritmo estaba en todos sitios en un infinito loop. En los aviones, en el trasnoche disco de la costa, los tragos en las terrazas lounge de las ciudades, en los cenadores ceñidos al mar, en las emisoras de radio del coche o como background de las tertulias after con gente nueva. Y con ellas. Y con ella. Y todo sin la necesidad imperiosa de hablar, americano.

Quizás haya sido una estate atípica para mí. Un summertime como los de la adolescencia. Y tampoco es que sea una melodía nueva. La escuché long time ago, en la voz de Carosone y en la de una Sofía Loren danzarina, en la vieja película Capri. Esta vez, me ha sonado mejor.

Y encima, ahora, me ha salido un grano en la barbilla. Sí, de esos de jovenzuelo. ¿Desde cuándo no me salía a mí una espinilla? Ummmm. Esto parece que pinta bien…

3 comentarios:

Paula dijo...

Me parece muy mala señal cuando uno comienza a alegrarse por cosas como una espinilla :-)
Saludos, Jojo. Sigue siendo un verdadero placer leerte.

mjromero (alfaro) dijo...

Aquí siempre hay buena música.
Me encanta la que has puesto al final, la de Jonh Mclaughlin. Es de ese tipo de música con la que te gustaría morir.
He notado un cambio de estilo en tus textos, más ligeros.
Un abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

Puede que sí, Paula. Puede que estamos hablando de decadencia. ¿A la vejez viruelas?¿una espinilla en la cara, flor de un rejuvenecimiento? Nada más fútil. Pero, me parece sugestivo, -aún no ambicionándolo- sentirse frenéticamente joven con un trasfondo, por ejemplo, veneciano. Tratar de llevar las pesadas piedras de nuestra historia particular, con la sonrisa de cuando éramos muchachos.
Saludos.



Esa pieza la reputo muy buena, Alfaro. Excelente tu gusto. Pero escúchala de otro modo: Ad libitum. Es ideal para empezar a vivir, pese a su llanto decaído. Morirse solo dura un segundo. A veces.
Nacer, vivir, un poco más.
No sé muy bien, si mi último estilo flota más ligero. Sospecho que depende del estado de las cosas, propias. O de cómo funcione, mi factoría de elaborar incidentes y chismes.
Un abrazo