jueves, septiembre 16, 2010

Cuentos populares



Érase una vez, veinte patitos en el desierto, con mucho calor y muy cansados, no muy lejos de la cordillera del Tibesti. El Sol los atormentaba y las cantimploras ya eran solo un recuerdo. Un tanque libio de maniobras por la zona, apareció de repente y aunque el conductor oyó unos leves cuac-cuacs e intentó esquivarles, reventó a cinco de ellos. Pocos minutos después, bajo un cielo limpio como el cristal, siguieron quince patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados. El firmamento era claro y tranquilo, pero no así el viento. Un poderoso Simún se abatió sobre los quince patitos, con mucho calor y muy cansados, y aunque los quince patitos, con mucho calor y muy cansados, corrieron, la arena ardiente envolvió a tres patitos, con mucho calor y muy cansados, que murieron por asfíxia.

Entonces, iban doce patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados. Parece ser que un par de patitos, con mucho calor y muy cansados, discutieron sobre fútbol. Uno de ellos, agobiado por la coyuntura en que se encontraban, agarró una quijada de burro que había por allí, medio enterrada en las dunas y acertándole en todo el cráneo se lo escacharró.

Iban once patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados, pero uno se sintió mal y cayó. ¡Una lipotimia! dijeron los otros. El patito caído con mucho calor y muy cansado, gritó. ¡Dejadme morir, no perdáis vosotros tiempo!

Iban diez patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados, y divisaron un pozo abandonado y los diez patitos, con mucho calor y muy cansados, se abatieron sobre la linde por si había agua. Pero estaba seco. Enajenados dos patitos, con mucho calor y muy cansados, se precipitaron hasta el fondo que era muy hondo.

Iban ocho patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados, cuando de repente una cobra negra de seis metros se acercó a uno de los patitos, con mucho calor y muy cansados, y tras mirarle fijamente con sus pupilas redondas, le atizó un bocado con sus colmillos venenosos dejándolo para el arrastre.

Iban siete patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados, cuando vieron el mar. Galoparon alborozados pero pronto se dieron cuenta que era una Fata Morgana; uno de los patitos, con mucho calor y muy cansado, se desvaneció del disgusto y ya no volvió en sí.

Iban seis patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados, cuando se apercibieron que un caravanserai de camellos, pasaba por encima de ellos. Demasiado tarde. Un patito, con mucho calor y muy cansado, resultó fatalmente estrujado.

Iban cinco patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados, cuando un potente torbellino, reminiscencia de la tormenta de arena pasada, les alcanzó y succionó hasta la estratosfera a tres patitos, con mucho calor y muy cansados.

Iban dos patitos por el desierto con mucho calor y muy cansados, y uno al otro le dijo te echo una carrera hasta la palmera. Ambos galoparon hacia el árbol y llegando, una enorme ristra de dátiles se desplomó sobre uno de los dos patitos.

Iba un patito por el desierto, con mucho calor y muy cansado, cuando de repente, a lo lejos divisó algo impreciso. Con sus heridas patitas se apresuró a llegar. Y sí, realmente era un grupo de ¡¡¡diecinueve patitos!!!! que iban por el desierto, con mucho calor y muy cansados. Él se unió a los diecinueve patitos y……..

Iban veinte patitos por el desierto, con mucho calor y muy cansados…….

Juer, si habéis llegado hasta aquí, - os merecéis un diez, o un veinte. Patitos, claro. Podría haber sido peor. Uno a uno; pero estaba ya con mucho calor y muy cansado.

Me lo contó, (porque se lo habían contado) -o algo parecido- (érase una vez) un tipo más "loading" que yo, en la esquina de Gran Vía con Aribau, con unas excelentes horchatas por medio. No había mucho que hacer, la verdad, a parte de intentar ligarme a un pivón llamado Olga, en la mesa de al lado. ¿ Si….? Sí. Rigió.

2 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Pues yo he llegado hasta el final, jeje, y menos mal que allí había unas frescas horchatas de chufa, porque ya estaba bastante acalorado. Por cierto, ¿qué hacían tantos patitos en medio del desierto? ¿se habían perdido? Y... ¿es que no podían volar? Me dirás que no, que no podían volar porque tenían mucho calor y estaban muy cansados, jeje, y además eran patitos, no patos.
Bueno, al final volvieron a ser veinte, y me queda la esperanza de que a estos no les ocurriera lo mismo que a los anteriores.

Un abrazo, amigo Conde (con horchata de la buena, no industrial).

Conde de Galzerán dijo...

Pues sí Antonio. A mí la horchata me ha creado adicción. Encontrar una buena “como las de antes” empieza a ser un problema.
Un abrazo, amigo.