miércoles, agosto 11, 2010

Trazos,paisajes y otros minutos.


El yayo y papá fabricaban tiempo. Yo aún fabrico tiempo. Mi vástago y mi nieto probablemente lo harán. Cuando se extermine al hombre se extinguirá el tiempo. El tiempo prescribirá. No tendrá razón de existir y desaparecerá. Palabras. Pensamientos. Vocablos con eco. Palabra. Palabra. Palabra.

Desde el octavo piso penetra la primera luz y la última de billones de primeras luces. Confiemos que sea la primera de la última por hoy. Mañana será otro día. Y acaso, seguiré fabricando un poco más de tiempo. Arde un cigarrillo mientras re-descifro Smoking Kills y recuerdo la postrera eyección. Un hombre eyaculado es un hombre triste; lo leí en algún papel, en algún día, de algún año. Sin embargo no me siento afligido. Ni me siento alegre. Me siento solamente. Apenas hace cuatro horas. Abrazado a ella como un náufrago asido a un leño desnudo en mitad de un océano. Su cama no era el Atlántico, ni siquiera un charco y yo no flotaba. Pero si zozobraba. Me sumergía en ella. Su sexo, me anegaba.

Otra vez la ventana. A través de ella se adentra un zumbido heterogéneo compuesto de mil ruidos que concluye con un estruendo homogéneo, uniforme e insoslayable. Un fragor incomprensible.

Enfrente de mi ventana hay también una ventana. Otra más. Y un balcón y una vieja adormilada que tiende unas bragas desmedidas en una sissí sin rastro palatino. Luego la anciana se tropieza con la nada. Mira. Apenas deambula. Quiere tocar algo pero no es necesario. Quizás se pregunta para qué. No hay nada que hacer. Ni que pensar, seguramente.

Ducha, crema en spray y una cuchilla desechable. Algo de loción. En el avión la recuerdo de nuevo. A ella. Anteayer. Tirándome de la corbata para que la siguiera hacia el interior de unos grandes almacenes. No podía defenderme. A lo mejor ni siquiera quería. En las manos le llevaba veinticinco bolsas de compra. Ella, un bolsito exiguo con la Master Card. Atino a comprender que mi corbata es un eufemismo de correa. Por eso se empeñó que me la pusiera. El aeroplano zozobra más que yo en su cama. Y es entonces cuando creo que la realidad es puro mal sueño o dulce pesadilla. No es correcto decir la verdad. Por tanto escribiré que es mentira. La paradoja del mentiroso siempre es una buena solución. Un magnifico cul de sac para seguir fabricando tiempo políticamente correcto.

Aterrizaje. Las calles de Europa son meandros de orines. La esencia de Carlomagno orinando en una esquina año tras año. Y escondida, una meona estatua femenina en cuclillas. Autopistas como regueros de pis. Civilización. Beaterios que son casas de putas. Casas de putas que son beaterios. Cuestión de etiquetas. De rótulos erróneamente ubicados. Tierras liberadas de tiranos. Gozosos ahora se aburren con una alegría hastiada. Por eso miccionan. Beber mucho para mear sinfín.

Alguien ha sacado un hurón de paseo mientras en un portal, una cenicienta con piercings y dragones tatuados en las adolescentes nalgas, acaricia y besa una rata de cloaca. Una princesita cincuentona me sonríe con una sonrisa roturada y mientras fagocito una perola de mejillones al vino blanco, me habla de los obuses de fósforo sobre la catedral de Colonia, en un perfecto fráncico ripuario con acento de Limburgo. La invito a que ponga sus pies sobre la mesa, cerca de mi plato de suculentos bivalvos. Por si hay que untar. Despavorida huye. Lástima, porque quedaba una interesante discusión pendiente sobre las diferencias históricas entre la universidad catedralicia de Lovaina y la de Alcalá de Henares.

Más mascotas aireándose. Ya el crepúsculo. Tomo un daiquiri helado en un antro cerca del río- puerto. Un inmigrante oscuro me quiere pegar porque he confundido su cocina con una toilette. No albergaba ninguna intención de defecar en sus cacerolas. No lo hace. No por falta de deseo si no porque ha detectado a tiempo, que si se atreve a levantarme la mano voy arrancarle la cabeza de cuajo.

Hay gente en las terrazas que toma el fresco de la noche de verano con estufas, a derroche. En la barra piquitos lésbicos. Lengüetazos homo. Una visión que me parece soporífera y huera. El jazz New Orleáns del principio se ha transformado en música Fake Blood a todo trapo. Abandono el lugar y el medio daiquiri, que sigue imbebible. Un tipo que podría ser mi hijo me pide un euro porque en el país vecino no le han querido dar de comer. Eso dice. Eso me dice a mí. La Venecia del norte tiene restaurantes románticos justo al lado de los canales; canales tan llenos de mierda como toda la docena de Venecias del norte y por supuesto como la Venecia del sur. Veinte minutos para ver la casa de Goethe. No sé si Eckermann hablaba de esta casa. Todo está escrito en extranjero. Entiendo un poco de extranjero. Constato que no el suficiente. Horas después, hay que galopar porque la gabarra que ahora llaman crucero ya zarpa.

Un segundo antes compro un Panamá de dos euros cincuenta. Calienta el sol y me agencio una silla en estribor. Revuelvo los bolsillos. Smokers die younguer. Es efectivo. Hay quinientos pasajeros y ni uno fuma. Me equivoco. Al fondo, en popa, uno. Busco complicidades mientras me ladeo por la cubierta. De Tudela. Un chicarrón que me cuenta los sanfermines de este año. Luego escudriño la ribera. No está Turner pintando en ningún meandro. Él ya hace tiempo que dejó de fabricar tiempo.

Creo pensar en ella. Me parece oírla tararear en la distancia. Entre el viento del río, eternamente fronterizo. Loving kills.

También.


6 comentarios:

Bel M. dijo...

Me ha gustado mucho mucho esta ficción viajera europea vacacional. Cuando se deja llevar por sus delirios se pone usted superior, mi Conde.
¡Ah! Los jueves continúa su musa apareciendo en la 1.
Un gran beso.

Paula dijo...

Me encanta ese estilo que tienes de contar historias. Hoy, además, me enteré de qué iba la cosa (por fin).
Sólo se aprovecha de verdad un viaje cuando descubres algo que no esperabas.
A mí tampoco me llamaron la atención ni la Venecia del norte, ni los mejillones, ni la niña meona. Lo que más me gustó... fue algo que no esperaba.
Un besito.

Lady Blue dijo...

Querido Conde...me ha sobrecogido su historia, la he olfateado, saboreado y la he amado... No había leido nada suyo con estas pinceladas tan salvajes, audaces, atrevidas, sugerentes, etc...etc... podía seguir poniendole adjetivos pero no quiero parecer pedante. Realmente me ha fascinado ;) creo que me he enamorado! si me lo permite....jejejeje

besos bluseros como siempre, eterna aprendiz,
Lady Blue
P.D: un tema perfecto para un viaje de esas características!!!

Conde de Galzerán dijo...

Celébrolo, mi querida Bel. Eso de superior he de confesar que ha alagado mi maltrecha soberbia. Aunque preferiría no solamente dejarme llevarme por mis delirios transitorios sino residir en ellos de una forma permanente. Ausentarse de los desvaríos es como ser un loco de nylon.
En cuanto a Maria, no la he visto todavía. A esa hora suelo dedicarme a otros menesteres menos contemplativos.


Opino como tu, Paula. Los descubrimientos son la salsa del viaje. Gracias por tu mimo.


Por supuesto mi Lady, te permito que te enamores de mi texto o de esta pequeña historia. Y si te quieres enamorar del autor, pues tampoco me parece mal. Gracias por tus adjetivos tan favorables.
Últimamente me hago acompañar de este tipo de música y aledaños a ella. Me gusta que te guste.


Besitos para las tres.

June dijo...

Acabo de leer el texto y me ha encantado. Pienso que te gustar'a saber que lo he le'ido en Eastbourne, ex'actamente en Rye, y m'as especif'icamente bajo la morera del jardin de la casa de Henry James, que es donde ahora mismito estoy...Buen texto Conde.

Conde de Galzerán dijo...

Lamp House in Watchbell Lane, I suppose so….... que envidia de paisaje, June. Y sí, me ha gustado saberlo. Es otro regalo tuyo para mí, de los que sueles hacerme. Feliz estancia, amiga. Un beso fuerte.