sábado, julio 17, 2010

Fan




No soy muy inclinado a las adoraciones virtuales. Aunque enamoradizo, no me considero un mitómano de mujeres. La excepción que confirma mi regla es Maria Doyle Kennedy. Fue un flechazo a primera vista cuando la vi proyectada sobre la pantalla de una sala de cine. En aquel momento no sé que hubiera concedido simplemente por tomarme un café con ella. Era su primera película, apenas tenia planos exclusivos y se movía entre un maremagnum de personajes y gente. Después de aquel impacto, su estampa persistió como un póster inerte, suspendido en el capítulo de gente especial de mi memoria. Si la vi después en algún medio, no me acuerdo. No he reparado en ello. Porque la primera imagen era tan potente que se generaba una resistencia que disociaba a las otras que podían llegarme.
Ahora, he tropezado con su blog de un modo fortuito. Si. Han pasado los años. Y en defensa de aquel momento mi sistema límbico ha negado automáticamente la nueva realidad.

Por una extraña sinestética sinrazón, en su momento acomodé la figura de este arquetipo de mujer por las calles del Dublín que describía Joyce. Yendo más atrás me pareció que era al patrón de fémina que simbolizaba la estirpe gaélica. Quizás fue la plasmación de un referente pretérito, la reproducción de alguna chica que hubiese contemplado durante un verano cerca de Cardiff o acaso más hacia el norte, al pie del Ben Nevis. O en aquellos días, incluso más antiguos, en los riscos de la costa de Bergantiños. Puestos a asociar, mi mente la duplicó en otro antecedente que yo de un modo discutible consideraba celta: la apariencia de Teresa Madruga en el film de Alain Tanner.

Internándome en los eslabones de los siglos, recordé a Isabel Freyre, la Elisa de Gracilaso de la Vega; la Celia del coímbrense Sa de Miranda. Y a la vez, a Leonor de Milán, la musa de Fernando de Herrera.
Intrépido, resolví entonces que tanto Isabel como Leonor, debieron parecerse a la actriz irlandesa de hoy. Descubierto luego un retrato de Isabel Freyre - y aunque la pintura está impregnada aún por la delicada estela de Beatrice Portinari - descubrí que mis conjeturas no iban tan desencaminadas.

He buscado alguna instantánea de esa primera película de Maria, donde apareciera exclusivamente. No lo he conseguido; solamente he hallado las conocidas imágenes de la película.
Después de todo, si Gracilaso y Herrera fueron seducidos platónicamente por un supuesto canon de belleza goidelico, es algo que no debería sorprenderme. Tal vez.

5 comentarios:

Bel M. dijo...

Qué cambio de imagen, esas cortinas rojas que siempre parecen sugerir oscuras o violentas o fogosas promesas.
Como no tengo hermanos masculinos, ya usted lo sabe, agradezco que me dejen asomarse a esos mitos. Lo único que no me ha gustado es el vídeo, no por la actriz, claro, sino porque detesto esa estética de finales de los ochenta.
Un beso, mi conde.

Lady Blue dijo...

No me extraña ese flechazo...me ha gustado recordar esos tiempos!! yo tenia un vestido exactamente igual!! jajajjaa menuda sorpresa me he llevado cuando he estado navegando por la red recabando información para saber porque mi amigo sufrió ese flechazo..(no es por ser cotilla...jajjaaja es que sabes que me encanta aprender) y me he encontrado con que sigue cantando, me ha encantado un tema que he visto.
http://www.youtube.com/watch?v=1WDarOlcu0M

Gracias querido Jojo por enseñarme!!

un abrazo!

Lady

Conde de Galzerán dijo...

Lo de los cortinajes es un asunto de lo que soy ajeno, estimada Bel. Ha sido una suerte de conjura entre Cosme, mi mayordomo y el ama de llaves. Tampoco sé con certeza si son para sugerir promesas o velar otras propensiones que me son propias.
El estilo de la moda, eternamente es discutible. Suele funcionar como una pandemia cuando está en boga. Desde la distancia acostumbra ser aborrecible. Pero no hay que tomar militancia contra uno en concreto; es un boomerang que con frecuencia regresa.

Un ademán entrañable, amiga.

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Yo tampoco sabía que se había hecho de ella. Hace muy poco vi ese video que mencionas y su blog personal. Sigue moviéndose tanto en música como en cine y parece que le va bien tanto en las islas como por centroeuropa. Por aquí, en tierras hispanas, creo que no se prodiga y tendremos que esperar hasta que cumpla sus buenos ochenta años para verla, como tantos otros, como siempre.

Yo también he aprendido y aprendo mucho de ti.

Placer, My Lady.

Bel M. dijo...

No, en este caso no es la distancia, ya entonces me parecía de una vulgaridad horripilante, y que desde luego casaba perfectamente con la ideología que habían representado Thatcher Reagan. Por cierto, su heroína hace de Catalina de Aragón en la reciente serie sobre Enrique VIII y los Tudor que se pudo ver en TVE1.

Conde de Galzerán dijo...

Sí, me enteré hace poco por Internet, Bel. ( y se han lucido, porque parece ser que Catalina era pelirroja). TVE1 es un canal que frecuento muy poco y estoy seguro que si la hubiera visto no la hubiera reconocido.

El momento político del que hablas también me resulta desagradable, pero con el tiempo todo ha ido a peor. Y el personaje de la chica de coro de un grupo de soul de barrio, me parece vigente aunque Irlanda no esté tan deprimida. Ahora, ni tan solo tenemos a Wilson Pickett.

ptó