lunes, mayo 03, 2010

Prontuario súbito

En el instante del Sur esplendente, caracoles iracundos y esponjosos pies de gorrino con descabellada pasión.

Ignoro por qué acristianan como esmeralda a un caldo áureo originario de las sosegadas colinas evocadas por Plà.

Echar unas risas sin humo.

Antes, las justas y los anuos paladines no esperan a los indolentes adoradores de la sábana y del trasnochar. Porfían sin mí.


Tanto me complacen los desfiles al itálico modo; esa pisada florentina con estandartes arlequinados, oriflamas circunvolantes de gamas dispares y ese leve y femenino galope masculinizado, deliciosamente ora al paso ora al trote.

Por un segundo, deploro la privación de los corceles moribundos, de los ojos horrorizados de malvadas hechiceras contorsionándose en las catárticas piras, de los famélicos tonsurados esparciendo tufaradas de incienso sobre los leprosos.

Eso, es exigir demasiado.

Descifro pero, la sangre de vírgenes entre las espinas de los exánimes tallos de los rosas escarlatas y feudales idilios en el aire. En el hipoespacio, una cuartilla rancia, plumillas y un frasco de tinta china.

Miscelánea de besos años setenta y cibernéticos romances de hoy que hablan de amansamiento, de obediencia, de rigor y de humildad. En definitiva, de insondable y sobrehumano afecto.

Lo abominable, ahora únicamente son horas de dicha; apenas días de ventura, jamás presagiados.

Finalmente el diluvio amenazador se abate como un dosel sobre el antiguo invierno, lactando la nueva fase.

En esta víspera tengo la certera impresión de que la maravilla es factible.

El ensueño puede acaecer. Tan solamente cabe, desear y radicar. Profesar sin tregua, los sortilegios del alma.




10 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Hola, amigo Conde.

Si el señor Josep Plà hubiera leído este escrito tuyo te hubiera enviado un abrazo virtual, aunque, claro, la música no la habría entendido, jeje.

Un abrazo de parte del lobo.

Conde de Galzerán dijo...

Lo dudo, amigo Antonio. El Señor Pla era muy suyo. No era muy inclinado a los abrazos (ni que fuesen virtuales). Malas lenguas dicen que era un mal bicho. Sin embargo en otro orden de cosas, yo estimo que era un ángel sabio de las letras.

Estoy de acuerdo contigo al respecto de la susodicha música. Con boina y el caldo de gallina en los labios, a mi también me da que no.
Abrazos licántropos.

Bel M. dijo...

Ay, ay que no sé qué pensar, a quién o a qué irá dirigida esta diatriba, literariamente espléndida, por otra parte.
De momento me quedo con "tengo la certera impresión de que la maravilla es factible."
Un beso enorme, querido Conde.

Conde de Galzerán dijo...

Mi suspicaz amiga, Bel. Temo que fue un alarde de decir lo que quería decir sin decir lo que deseaba decir. Aunque suene a invectiva no lo es. El tema es muy simplón. En los primeros pasos solamente trata del elogio de unos platos culinarios arraigados a nuestra tierra.
En los segundos, está la contemplación de un evento medieval de cierta localidad. Las abundancias y las carencias para ser un espectáculo verosímil.

La postrera voz se refiere a la magia de los más recientes momentos felices, inesperados y particulares, inherente a todo el entorno anterior.
Pero como siempre, diste en el clavo. La frase que entrecomillas es el compendio de todo el texto. La música que lo acompaña, -extemporánea- me sirve de camino de Pulgarcito. Ir al siglo XII y poder regresar.



Enorme también, el mío.

Antonio H. Martín dijo...

Amigo Conde, como no tengo tu dirección de correo, te dejo aquí un link musical que me acaba de enviar un amigo:
http://www.youtube.com/watch?v=qn4rbDkeH9o

Se trata de una versión en clave de jazz del Concierto de Brandenburgo nº 1, del maestro Bach.
Espero que te guste.

Un abrazo.

Conde de Galzerán dijo...

Sorprendente, mi considerado Antonio. Y sí, me ha gustado. Magnífico mix de música “culta” y jazz rico-rico. Sabes que nunca hemos regañado sobre Juan Sebastián. Lástima que Mozart fuera un impertinente y pésimo observador de tan elevado genio. Como creo que en una ocasión ya te expresé – corriendo el riesgo de hacerme cansino- es a Amadeo a quien hago único causante de abominar todo el siglo XVIII en mis párvulos años. Gracias a Dios o a mi contumacia, he sido capaz de subsanar mi error (merced a otros referentes y enclaustrando ese terror de Salzburgo) y poder reverenciar tan maravillosa centuria, catando los placeres de aquel seductor periodo.
Te agradezco mucho el link.

Un abrazo

MBI dijo...

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s
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aplazados

Conde de Galzerán dijo...

Saludos MBI, y abrazos también. Los mios son anticipados.

Fran dijo...

¡La madre que te parió, Conde!

Y pluga a Dios que tamaña expresión fruto de mi desmañada pebleyez encuentre la aquiescencia de su señorío, incólume al paso mentecato y soez de los siglos.

Quiero decir con estas lineas que anteceden, que me alegro de reencontrar aquí el preciosismo verbal con que te conocí en ya añejos tiempos y el concepto elevadísimo que interpenetra la lengua (de lenguaje no el músculo ensalivado de que hacemos uso los mortales cuerpos para deglutir, entre otras cosas aún más terrenales).

Un fuerte abrazo, mi caro amigo, de tu siempre admirador en las inmarcesibles letras.

Conde de Galzerán dijo...

Jajaja!...... albricias me dispensas con tu privanza y este fausto suceso de tu visitación, afecto amigo. En verdad dices; copiosos y heterogéneos son los usos dados a ese apéndice sinhueso capaz de crear blasfemia y elogio según el lance. Soy de los que estiman no obstante, que ningún menester perpetrado con él, debería ser deudor de lo totalmente execrable.
Añeja ya – certeramente a la vez- nuestra inclinación mutua, pero renovada en el regocijo de mi anamnesia.


Ciño ufano tu mano virtual y compañera.