sábado, abril 10, 2010

Panóptico



Su lado menos malévolo.

Aunque se me hace arduo conocer ya, que grado de perversidad ocultan los objetos, las miradas, las esencias, las situaciones, los paisajes.

Ser un panóptico benigno y escribir una lista sobre un papiro sagrado a modo del Museo Imaginario de André Malraux y anotar todas, las pocas, sublimaciones del yo.

Súbitos colores y lugares. Y uno, con la guardia del alma inerme.

Las hojas pardorojizas de un Noviembre arrinconadas sobre el hueso de las paredes de Arlés y atinar que Van Gogh tenia razón.

Una boloñesa cena renacentista en un boloñés palacio renacentista con boloñeses saltimbanquis renacentistas raptados de las películas de Pier Paolo Pasolini.

Unos pálidos pies desnudos de una anónima Diosa de Albión cerca de la catedral de Peterborugh.

Pasear contra el helado viento por la Rue de Castiglione y recordar todo lo que uno recuerda de Proust.

Internarse en un bosque que vive en Kilbryde Castle

Asomarse por la ventana un atardecer de finales de verano en Brigsdalsbreen

Y percibir el rasgar de la góndola fúnebre que te llama sobre el malaquita, bajo el oro del Idus en Fondamenta Cossetti.

…….. y este gemir de cuerda de Don Sugarcane Harris

Inviable,

Irrealizable,

Inalcanzable,

Insufrible,

Imposible panóptico.

El clemente centinela alborozado, sigue sollozando.


3 comentarios:

Lena dijo...

Te he leído tres veces...

Proust es un verbo ahora.

Me estremece la frase final, Daniel Damián, hoy en estas letras más que nuca, Conde de Galzerán.

Cuánta melancolía.

Un beso

Lady Blue dijo...

Como bien dice Lena, cuánta melancolía... buscando algo querido Conde...?

Leer tus palabras con esas notas de fondo de John Mayal es toda una experiencia a mi interior más profundo... Gracias!!

Besos

Lady Blue

Conde de Galzerán dijo...

Cuando un antiguo destino me obligó a ser un guardián forzado, vigilando los espectros que otros temían, solía combinar un fusil con poemas de Pavese, textos de Hesse o las cartas de la chica que amaba en aquel entonces.
Desde aquellos días, Lena, he procurado ser un indulgente centinela de lo que me rodea. He cambiado la áspera carabina por un cesto, donde colocar una a una, las escasas horas sublimes obsequiadas. Todo aquello que me pareció subjetivamente excepcional.


Mi Lady, por supuesto; espera y búsqueda. Sí que hay melancolía. ¿Pero quién se hace fuerte ante la belleza imponente y demasiado fugaz? ¿Qué seria de nosotros sin la añoranza del instante feliz? Dolerse de esta ausencia, es una forma de explorar de nuevo, de transitar, hacia lo maravilloso. Pero ya sé que andar a la caza, de todos estos sucesos inesperados y que se concatenen, es pedir mucho. Es imposible.
Celebro mucho que te guste ese "bluesbreak" de Mayall y Harris.

Besitos para ambas.