martes, febrero 09, 2010

Exequias para A.M.P.



Atrás, del estampado pontón siglo dieciséis, agonizan las amarillas y curvas imágenes de nuestro pretérito anterior. Unos niños sobre un plaustro, tumbados en un pajar. Rostros infantiles en blanco y negro con matices sepia.

Luego el trailer veloz. A color. Los fervorosos días del entusiasmo. Las horas del safari de gorriones, barbos y renacuajos. Y el tiempo, como una liebre en evasión. El safari de los cuerpos. El ciclo de los conquistadores. La estación de los descubrimientos. Las hazañas de transitar por la jungla de los suaves femeninos.

Quizás era todo, era todo, prólogo, y en él te mostraste glorioso y viril.

Pero la victoria no surgió como planeaste. La batalla acabó con tu vida en una caja sobre un sórdido zaguán. En ella, el sueño y tu amor, mancillados.

De los otros capítulos en gris, apenas nada, porque no hubo nudo y no se escribió ningún episodio más.

Sólo, pudiste caligrafiar la abulia y el olvido.

Tu epílogo se escribió ayer mismo. Alguien entre lágrimas me contó, que hace dos semanas yaces en un sepulcro, con un año repetido cincuenta y cinco veces. Y el tiempo, sigue, como una liebre en evasión.


4 comentarios:

Antonio H. Martín dijo...

Siento esa ausencia de A.M.P., que supongo era tu amigo.
Buenas letras le dedicas y buena música.
Aún no he sufrido ninguna pérdida en ese sentido, pero imagino que debe sentirse un vacío especial.

Un saludo, Daniel.

Bel M. dijo...

No recordaba ni la canción ni el grupo, eso que en su momento me encataban.
Te diría lo mismo que Antonio, que lo siento, que tienes toda mi simpatía en el sentido que en ese otro idioma conserva, que le has escrito una hermosa despedida y que te abrazo fuerte.

alfaro dijo...

...como una liebre en evasión.
y abres los ojos y ya no ves la liebre, y todo el paisaje ha cambiado.
a veces cuesta acostumbrarse a tanto cambio de pasiaje.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Antonio, Bel, Alfaro. Gracias amigos.

Cuando uno llega a ciertas cotas en el tiempo, se hace insuperable no aceptar que nuestro mundo de ayer ya no se conserva. Lo peor, es la celeridad subjetiva con que se desvanece. Lo mejor, es que se nos concede concurrir y confeccionar el mundo de hoy.