domingo, enero 17, 2010

Pongamos que hablo de Haití....o no.



Hablando de shocks fílmicos: (y no tan fílmicos)
Herzog.
La niebla y un camino en brutal declive en los Andes; acaso en la ruta hacia el áureo Mato Grosso o en las orillas del humilde río Marañón. En el aire, la ira cobarde de quien usurpa la gloria de la gesta ajena. Y con el incautado tesoro en sus asesinas manos, que- invariablemente-, sólo supo derramar lágrimas de cristalinos reyes. La soberbia y la avaricia tienen siempre el mismo fruto. El saco roto de la miseria.


Ahora. Hoy. Aquí. Esa misma ira cobarde, subsistiendo a la zancada de los siglos, sigue paseándose por nuestras calles buscando sanguinariamente, nuevos sacos que romper.


Falsear la Historia, para que no les reconozcamos. Condenar a un continente al perpetuo sufrimiento y vanagloriarse de ello.

Me pregunto a qué manos irán a parar los archivos de la Duquesa de Medina Sidonia. Todos los archivos. Todos. Todos.

2 comentarios:

June dijo...

Aguirre, la ira de los dioses...y la avaricia de los hombres...yo también me pregunto dónde estaba la famosa Mina de Oro, quizá si alguien escuchara a la llamada duquesa roja, sacaríamos algo en claro. Buena pregunta: ¿en manos de quién caerá ese archivo?.
Suscribo el grito de ira y de apoyo: ¡Haiti!

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Sí, June. el Dorado nunca relució demasiado y quienes lo buscaban tampoco.