domingo, diciembre 20, 2009

Instante


Todavía no sé muy bien que es lo que yo hacia allí. Había caído un diluvio brutal, inhumano. Apenas llovía ahora. Pero mi miedo no remitía. Quizás estaba aumentando. Y la calle de ligerísima pendiente se convirtió en una riada desbocada, un grueso caudal salvaje, cobrizo. Desequilibradas aguas sobre atolondradas aguas. Se atropellaban unas encima de otras como en un afán absurdo de cuales querían llegar primero, avenida abajo. Y sobre ellas trepaban unas crestas ahora ocres, ahora verdosas, ahora negras.

Hacia ya rato que me cobijé en un porche pero no existía ninguna salida. Exclusivamente me restaba esperar. Tenia frío y me sentía muy sólo. Todo era soledad. Silencio. Tan sólo el atronar de la crecida.

Atónito divise de repente a un hombre cano, fuerte y extremadamente alto. Cruzaba la arroyada como si lo hubiera hecho mil veces; el agua enfurecida le llegaba hasta más arriba de las rodillas. Andaba con firmeza pero no advertía que paso a paso el agua le desviaba de su camino y se lo iba llevando. De repente, me di cuenta que se acercaba a un disimulado remolino. Una enorme tapa de la cloaca había salido despedida. Apenas pude mover los labios para avisarle. Una boca de mugrienta agua se lo tragó entero en un instante. No hubo ningún grito. Ni un golpe. Ni un suspiro. En el instante consecutivo, el paisaje era exactamente el mismo que antes de aparecer aquella figura humana. Yo seguí mudo, como si nada hubiera pasado. Aunque impresionado, era absolutamente inútil gritar, pedir ayuda. Nada ni nadie contempló la escena. De qué serviría decir que un hombre había desaparecido bajo las aguas cuando todo volviera a su cauce. No lo encontrarían sepultado en el lodo o a saber, en que mar flotaría.

¿Usted lo vio? ¿Dónde? ¿De qué le conocía? ¿Hubo alguna discusión entre ustedes? ¿Fue usted quién lo empujó? ¿A ver, dígame su nombre, documentación? . Acompáñeme….

Tenia frío y seguía asustado. Tembloroso encendí un mojado cigarrillo. Las últimas gotas de lluvia se escurrían entre los canales de las tejas. Todavía no sé muy bien que es lo que yo hacia allí.


6 comentarios:

alfaro dijo...

Está muy bien técnicamente, desde el inicio, el ritmo acelerado de las aguas que arrastran, y el final casi policiaco, el final es muy cinematográfico, encender el cigarrillo...

June dijo...

Estremecedor, conde...absurdamente estremecedor, y tajante...Sí, debía hacer mucho frío
En tu entrada anterior no he dejado huella por ese tajante "terminé" que escribiste...por si acaso...

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Si, Alfaro. Creo que a veces lo de encender un cigarrillo, es como para paliar la impotencia frente algunas situaciones, un modo de pasar pagina, una forma de alcanzar más velozmente el siguiente, instante.


Saludillos, June. Lo del “terminé” no era una forma de cortar; sólo un intento de corregir la falta ortográfica del texto.

Gracias a las dos.

Antonio Martín dijo...

Hola, Daniel.

No sé si te gusta la lluvia, aunque según tus letras parece que no mucho. A mí me gusta la lluvia, me gusta tu texto y me gusta el vídeo -que no conocía- de José Feliciano. Y yo tengo muy buen gusto, jeje.
Sólo me queda una duda: cómo pudo el protagonista de esta historia "encender un cigarrillo mojado"... Es algo que nunca he podido lograr.
Un abrazo, y mi deseo de que mañana tengas una feliz noche (y todas las demás, por supuesto).

Eterna aprendiz dijo...

Querido Conde, me emocionan estas letras: inquietud, ansiedad, dilema,interrogantes...

..reflexión...

Unos cigarros a mano y sobre todo, el mechero, ese fuego que nos enciende la siguiente página, esa lucidez....

Besos.


Buen texto, muy bueno.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Hola, Antonio. La lluvia me gusta mucho, pero siempre dentro de un orden. Yo nací en área de riadas. Una tierra de excesos. A un paso de la más infranqueable razón existe la locura desenfrenada. Y eso marca. Puedo asegurarte que un cigarrillo mojado es prendible y fumable. Te lo dice un empedernido. Con lo de tu buen gusto y lo de Feliciano estamos de acuerdo. Y en mi deseo también. Que tengas unos magníficos días y que estos, sigan para bingo.
Un abrazo, amigo.



Besitos, Amparo. Gracias por tus palabras sinceras de siempre. Te deseo lo mejor, en estas nochesbuenas.