miércoles, septiembre 16, 2009

Mascarada


Pedro Sastre Obrador, era un hombre rural, un payés conocido como “Pere de Son Gall”, nacido cerca de la población mallorquina de Llucmajor; era un soñador adicto a leer periódicos. Dejado de la mano de Dios y del Estado, como tantos millones de ciudadanos, abandonado de la educación y la promoción pública, fue un hombre que luchó para construirse a si mismo.
Aprendió por su cuenta, matemáticas, física y dibujo técnico, entre libros de mecánica, folletos y revistas que explicaban como funcionaban los motores. A sus veintiséis años diseñó un artefacto que bautizó como “cometa-giro-avión”. Crédulo en la honestidad de los prohombres instruidos y ejemplares, y de las llamadas “gentes de bien”, envió unos detallados e ilusionados planos con tinta azul sobre papel barba, a Juan de la Cierva Peñafiel, abogado criminalista, empresario y político conservador nacido en Mula, y a la sazón en aquellos días, Ministro de Fomento.
Tal prócer, afamadamente de carácter enérgico, disponía de un meteórico currículum, si no brillante, al menos luengo y vistoso: es decir Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, de Guerra, de Gobernación, de Hacienda; Alcalde de Murcia y diputado al Congreso no por elección democrática sino por “derecho propio”. Hijo de reputado abogado y notario y ligado familiarmente a la Banca.

Sin embargo al jurisconsulto fue más conocido por las manipulaciones en las elecciones que dieron la mayoría al el gobierno de Maura, la disolución de las juntas de los sargentos del ejercito y la severa represión a las aspiraciones sindicales de los funcionarios en 1918. Entre sus decisiones más festejadas fue su dimisión como ministro de Instrucción Pública. Como Ministro de Gobernación, calificó de un modo esplendente como "ferreradas" las enseñanzas del pedagogo Francesc Ferrer i Guàrdia, fundador laico de la Escuela Moderna, al cual persiguió hasta el patíbulo, culpabilizándole embrolladamente de los hechos de la Semana Trágica de 1909, pese a las iracundas protestas en España y en Europa y ante la turbidez de dicho proceso.

Por lo que vierte la historia, no ayudó demasiado a modernizar el país. Aunque poseedor de grandes extensiones agrícolas en las pedanías de Archena, sí logró que se instalaran oficinas de correos y telégrafos en dicha población y se tejiera una red de grandes propietarios para proteger los intereses de sus posesiones ante los jornaleros. Fue célebre entre sus tocayos murcianos la palabra "ciervismo" que podía traducirse como un coaccionado eufemismo de caciquismo.

Entre todos los hechos que sucedieron en la dinámica vida del eminente muleño, sucedió uno en 1921: sus manos sostuvieron los planos del cándido Pedro Sastre.
Aquel humilde inventor le pedía ayuda y financiación para su artilugio. Pero el Ministro le respondió que su proyecto era el reflejo de los sueños de un papanatas y no tenía el más mínimo interés para la nación.

Lo que también desconocía Pedro Sastre era que el ministro de Fomento, entre su prole contaba con dos hijos. Uno de ellos era Juan de la Cierva Codorniu, ingeniero y alumno en la escuela de aviación civil de Getafe y que un año antes había ingeniado y financiado hasta tres pequeños modelos llamados “cangrejos” y un modelo denominado “autogiro” que en aquellos días no conseguía elevarse del suelo y que apenas daba ligeros brincos. En 1922, un año más tarde de que su padre recibiera los planos de Sastre, de la Cierva Codorniu afirmó que iba a acometer unos novedosos y revolucionarios principios y retoques, producto de su estudio y talento y se aviaron a su disposición varias instalaciones del aeródromo de Cuatro Vientos; obtuvo una sustanciosa subvención del gobierno Español, para que realizara los ensayos con material extranjero y contratara expertos de Francia y Gran Bretaña, iniciando una carrera casi personal contra otro ingeniero, Federico Cantero Vilamil que había comenzado otro proyecto similar.
Tras cinco prototipos fallidos, pilotos heridos y un cúmulo de desgracias, no fue hasta 1926 que el autogiro de la Cierva, milagrosamente, empezó a volar de un modo seguro y factible, siendo extremadamente parecido al de Sastre. Villamil no lo lograría hasta 1935 con su
Libélula Viblandi.

El estupor de Pedro Sastre fue colosal ante las noticias y las fotografías que se iban publicando. Era su mismo proyecto al cual le habían cambiado un par de detalles técnicos y una línea más moderna. Escribió de nuevo al ministro, exponiendo sus razones, quejándose del ultraje y las ofensas. Sin embargo la carta le fue devuelta abierta y con el mutismo y el desprecio como respuesta.


Poco tiempo después, ya laureado, tras recibir un cortejo de premios (Sociedad Francesa de Navegación Aérea 1926, Lahan 1928, Deutch Meurthe, Unión de Seguridad Aérea 1929, Academia de Deportes de París 1932, Medalla de oro de la Federación Aeronáutica Internacional 1933, medalla Instituto Franklin de Filadelfia, la del Instituto Stevens, la de Técnica de Hobsken, la de Daniel Guggenheim 1933, Banda la Orden de la Republica 1934), De la Cierva junior, decidió vender la suculenta patente y los productivos derechos de inventor al magnate ruso Igor Silvosky, sólo conservando la marca registrada de autogiro; por lo cual toda la riqueza que generó la industria de los helicópteros, nunca llegó -ni una peseta- a nuestro país. Se excusó públicamente revelando que nunca le habían interesado los “giropteros”

El desenlace final de estos protagonistas fue muy distinto. De la Cierva padre, tras la proclamación de la II República, encabezó un gabinete de resistencia monárquica que el propio Alfonso XIII rehusó; huiría al poco de Madrid para refugiarse en Francia. Volvería al país para aunarse al glorioso Alzamiento Nacional, y para morir cobijado y oculto en la Embajada de Noruega en 1938 al fracasar inicialmente el golpe de Estado. Tras finalizar la contienda, algunos biógrafos de la época se acordaron de él y le dedicaron epígrafes como “
De La Cierva hizo de la política santuario de la Moral y templo de la Justicia; una voz de la Raza”.

Su hijo inventor, desapareció dos años antes en 1936, cuando en el aeropuerto de Croydon se estrelló el avión que utilizaba como pasajero, para importar munición bélica para el ejército sublevado. En 1954 se le concedió con carácter perpetuo, el título de Conde de la Cierva, post-mortem.

Pedro Sastre, probó de llevar a cabo su proyecto en solitario. Mientras contumaz jugaba a la lotería y luego a las quinielas, construyó un almacén ayudado por el carpintero y el herrero de Llucmajor. Viajó y adquirió motores en Barcelona y en Alemania. Pidió ayudas a la Diputación y al Crédito Balear. Pero una vez su cometa-giro- avión se elevó sobre los almendros y los campos del sudeste mallorquín, solamente encontró vagas promesas de subvenciones que acabaron en el desdén, la vejación y el escarnio de todos. Tan solo, Margarita Leclerc, una señora sensible y feminista que publicaba la revista local “Concepción Arenal” fue la única que trató de defenderle. Infructuosamente procuró hacer demostraciones de su invento en Palma y en Madrid. Gastó el insuficiente dinero familiar intentado autofinanciarse y muy pronto acabó arruinado para siempre. Todavía hoy existe la hacienda Son Gall, entre matojos, viejas ruedas, aspas, motores herrumbrosos, ratas y ruinas. Seguramente, dolido por los hombres de "medalla y corbata", terminó apuntándose a Izquierda Republicana en 1932. Taciturno y áspero, caminando solitario por los campos y yendo al café de la plaza, Pedro Sastre fue el último en morir; lo hizo inédita y miserablemente en 1965, bajo el amparo de la “caridad” del asilo de las monjas de la Misericórdia de Palma de Mallorca, a cambio de legarles los pocos terrenos que le restaban de la finca de Son Gall.

Este suceso es uno de los muchos que afean la memoria de este país. Y el retrato de una de tantas vidas ilusionadas e inútiles, víctimas de la avaricia, de la soberbia, de la pereza de los opulentos y encumbrados.En definitiva, del odio indiscriminado. Es un pardo churrete más en la pretendida y acicalada blanca faz con la que miramos a las demás naciones. Una plomiza nube que hace que el brillo de España, luzca un poco menos detrás de la mascarada de los poderosos. Lo que no pudo ser, no fue. Y a fin de cuentas tenemos un dicho muy español: Sin serlo, la ocasión hace al ladrón. Y además la ocasión, lógicamente, siempre se aprovecha a hurtadillas y sin testimonios.


Esa es la otra verdad, el reverso de la efemérides, que no impartían ni imparten los manuales y los libros de texto para los jóvenes españoles. Profesores e historiadores, firman sobre las cubiertas, sobre los prólogos de los libros, sobre las notas de los exámenes. Refrendan. Suscriben. Nos ilustran quién inventó el helicóptero. Grandes hazañas hispanas inscritas en cartapacios, de elegantes tapas grises.


12 comentarios:

June dijo...

País de ingratos...por no utilizar otros calificativos....

MGJuárez dijo...

Sin palabras...
bueno si, una. Gracias.

Petonets!

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Si estoy de acuerdo contigo, Rosa. Ingrato me parece una palabra muy tersa. Es un adjetivo enano, en este caso.
Gracias.

Gracias a ti también, Montse.

Pedro Garcia Millan dijo...
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Charles dijo...

Este país está repleto de emprendedores machacados por los especuladores del talento. Emprendedores en via de extinción, que abandonaron y abandonan el país, bajo un estado que no les ampara sinó más bién les persigue y totalmente desprotegido por los oportunistas del momento. ESTE PAIS SUFRE UN DÉFICIT DE EMPRENDEDORES DEBIDO A SU ACTITUD Y ESTA SERA SU RUINA. Sinó al tiempo.

Conde de Galzerán dijo...

Cierto. El desprecio colectivo al “prójimo nuestro” no desaparece. Si te fijas, históricamente, todos los grandes talentos patrios han tenido que crecer en el extranjero.
En lugares donde la avaricia, el odio per se y la estulticia no son tan profundos como aquí. Lugares que tienen otra forma de mirar la vida.
El epílogo siempre es el mismo. La vuelta triunfal entre lameculos interesados y ruines vampiros. Los que lo intentan en estas lindes, son borrados.


Un saludo, Charles.

Ferràn Roselló dijo...

Mi único interés son las cuestiones técnicas, no las políticas, y lo cierto es que casi todo lo que se expone en este artículo sobre Juan de La Cierva Codorniu y su invento es falso. El prototipo de Pere, posterior al primer prototipo de Juan de La Cierva no podía volar en traslación porque no contaba con el invento clave de De La Cierva: las articulaciones de batimiento. Juan de La Cierva no recibió financiación alguna hasta que consiguió el primer vuelo con éxito en C-4 en 1923.

Ferràn

Conde de Galzerán dijo...

Es posible que sea falso, Ferràn. También es probable que los documentos que circulan por Internet y los artículos de las hemerotecas consultados para el post, sean también fraudulentos. Ahora mismo, recuerdo uno de Baltasar Porcel sobre Pere Sastre, en 1965. Después de tantos años es factible que los datos hayan sido amañados en todos los sentidos. En cuestiones técnicas no puedo rebatirte, porque mi interés por la tecnología aeronáutica no va más allá de que el avión en que viajo no se caiga. En lo político, menos. Creo que todo es subjetivo desde la perspectiva ética de cada uno.
Gracias por tu comentario.
Saludos.

Anónimo dijo...

Yo soy de Llucmajor y he leido esta historia ya conocoda por mi desde que era niño.
Él vivió sus últimos días ciertamente de la asistencia social y atendido por las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul de Llucmajor, que regentaban la Casa Hospicio propiedada de una entidad de ahorros del pueblo y estaba en la calle San Juan.

Conde de Galzerán dijo...

Gracias por tu comentario, anónimo. Realmente parece que Sastre no acabó de una forma brillante, pese a sus esfuerzos. Es la inocencia del pobre. Nacer en un nido o en otro sigue siendo crucial para realizarse en esta vida.
Saludos.

Anónimo dijo...

A Ferràn Roselló:

1. El prototipo de Pere Sastre no tiene articulaciones de batimiento, pero dispone de una hélice que sí le permitiría traslaciones a velocidades muy reducidas. Para el despegue vertical las articulaciones de batimiento no son estrictamente necesarias. De hecho, Juan de la Cierva no incorporó esta solución hasta el prototipo C.4 de 1922, y por lo tanto, no estaba presente en la patente original de 1920.

2. Parece ser que el prototipo de Pere Sastre fue desarrollado en 1919 y 1920, y hay pruebas de que despegó. El primer prototipo de Juan de la Cierva que despegó (pero no voló) fue el C.3 y se construyó en 1922. Creo que está bastante claro que el prototipo de Pere de Son Gall fue anterior al de Juan de la Cierva.

J. Quetglas dijo...

Me interesa conocer datos sobre Margarita Leclerc, citada en el texto. ?Puede ayudarme?