viernes, agosto 28, 2009

Zweig..... Stefan Zweig.

Mis guías espirituales me atiborraron de Berceo, de Góngora, de Herrera y de un tal Per Abad, lo que me condujo primero a un sobrepeso craneal y luego directamente a la obesidad mórbida del encéfalo. Mi cerebro sólo codificaba como lenguaje máquina los tetrástrofos monorrimos o lo que es lo mismo, únicamente sabía expresarme en modulaciones- desmodulaciones a cincuenta y seis baudios por minuto en Cuaderna Vía con hemistiquio central y detectaba al instante la e paragógica o visigótica, que como todo el mundo sabe es un metaplasmo de origen gascón y aragonés. Por eso Aragón se escribe con jota; con jota de Aragón, claro.
En los ratos libres me relajaba contando con los dedos, las trifulcas filológicas entre el señor Curtius y el señor Menéndez Pidal, pero he de reconocer que yo era del Real Betis Balompié.

Así era mi vida y esto puede explicar mi posterior retraso mental. Lo que son las cosas, un buen día del año dos mil y uno, hice caer en mis parkinsonianas manos un volumen de un fulano al cual le llamaban Zweig. Si he de decir toda la verdad, lo adquirí en humilde agradecimiento al señor Vallcorba que era quien regentaba la editorial; porque el señor Vallcorba fue el profesor que me aprobó la única asignatura – henchido de conmiseración- que pasé en aquel año en la Facultad tras hacer un soberbio comentario de texto al Infinito de Leopardi.

Ante mi sorpresa repentina, me di cuenta que me hallaba “Out of control” como Mick Jagger ya que todo el mundo conocía a Zweig, menos yo. Tan popular, que había quien iba a ver al Barça con un libro del escritor vienés bajo el brazo (junto al bocadillo) para leerle en el descanso; los que detestan el fútbol parece que lo hacen en los intermedios de Operación Triunfo o Gran Hermano.

El Mundo de Ayer, fue un libro que me cautivó y es el libro que me ha ayudado más a visualizar la Gran Guerra y para quién fueron felices los locos años veinte, los aberrantes treinta y la Kakania de la que nos hablaba Robert Musil en los años tranquilos que Volker Schlöndorff reflejaba en su film El joven Törless.
Hace cuestión de un año, se empezó a hacer publicidad de las ediciones de Carta de una desconocida. Abracadabricamente el libro apareció por un rincón de casa y me lo leí. La decepción fue brutal. Una perdida de tiempo, dado que me enfrenté a él de un tirón, no porque el argumento me atrapara sino que seguí su señuelo a la caza de hallar algo verosímil y con la esperanza de encontrar un atisbo aproximado que me recordara al Zweig de sus memorias. Resultado final: una novela infantil, nada recomendable. Suerte tuve aún, puesto que al poco tiempo se representó una adaptación teatral en mi ciudad a bombo y platillo, y aleccionado me libré del engaño.

A principios de verano mi hijo, tras recordarme los años que yo ya tenía, me dio un beso y un volumen a modo de obsequio con la Correspondencia Zweig- Hesse. Allí reafirmé mi creencia que la vida de Zweig marchó como la del paso de un cangrejo. De ser un referente querido y célebre al cual todos demandaban ayuda y consejo acabó con la peor suerte: su triste muerte y el más oscuro de los olvidos; destino y postergación que no sufrió el propio Hesse quien pasó de ser casi su discípulo a recibir el Nóbel y la inmortalidad.




Apenas hace dos días, - mientras me sentía como “ el plantón water” de los días de recluta y alguien desvalijaba las tiendas del casco antiguo a golpes, con mi tarjeta de crédito,- me refugié de los casi cuarenta grados de temperatura, en una librería. Allí comedido, atrapé Momentos estelares de la humanidad. Zweig merecía otra oportunidad.

Solamente me ha dado tiempo a recorrer el primero de los catorce capítulos en que se divide el libro, pero se me antoja una obra erudita. Este inicial capitulo está destinado a Marco Tulio Cicerón y al momento histórico que supuso el asesinato de Julio Cesar.
A medida que avanzaba en la lectura percibí las vidas paralelas, entre Cicerón y Zweig y sus equivalentes finales. Sin saberlo, el escritor austriaco compondría esa miniatura biográfica sobre el orador latino, trazando el camino que el destino le obligó a él mismo transitar, como contemplándose en un espejo.
Cicerón en su huida fue asesinado y decapitado por la traición de sus criados tras el velo de Marco Antonio. A Zweig, le persiguió un vecino del hogar de la infancia que vivía al otro lado de la sierra y que se llamaba Adolf Hitler. Oficialmente Zweig se suicidó en 1942, pero su muerte recuerda demasiado a la de Walter Benjamín ocurrida en 1940.

Al final del capítulo, Zweig termina con la impresión postrema del aspecto que Cicerón deja a la humanidad:
“…en la tribuna de los oradores, la misma desde la que Cicerón pronunciara sus inmortales discursos, cuelga descolorida la cabeza cortada del último defensor de la libertad. Un imponente clavo oxidado atraviesa la frente, los miles de pensamientos…”

No hay cabezas mutiladas ni clavos en la última imagen de Zweig. Pero existe una similar escapada y el análogo rostro atroz. La pincelada de la muerte antes de tiempo. Particularmente juzgo que cada una de esas palabras impresas en 1927 sirve al mismo impacto final que el propio Zweig nos testa.


8 comentarios:

Bel dijo...

No estoy de acuerdo con las apreciaciones sobre nuestros clásicos, pero ya lo discutiremos en otra parte.
En cambio, también a mí me ha pasado con Zweig. Esa impresión ambivalente, algunas cosas interesantes, otras mucho menos. Ahora estoy leyendo "Brasil" y no acabo de encontrar al magnífico Zweig, que también lo es.
Més petons.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

¿Apreciaciones, Bel?.No es lo mismo atiborrarse que relamerse. Y nuestros clásicos permiten el paladeo de largo. Yo fui henchido y forzado. Sólo de esto me quejo. Por lo cual he de contradecirte y afirmar que estamos muy de acuerdo. Sería un placer egoísta (por mi parte) discutir de literatura hispánica contigo, porque seguro que aprendería mucho.

Petons.

MGJuárez dijo...

Gracias Jojo.

No sabes como me complace entrar y leerte. Haces de este espacio un excelente encuentro. Eres un brillante comunicador de experiencias y sobretodo, sabes compartir.

Saludos lelos... (jejejejeje esto lo leo por ahí, es la firma de otro autor, y ¡me encanta!)

Montse.

Antonio Castellón dijo...

Hola, Daniel.
Pocas veces he leído por parte de Hesse referencias a Zweig, muy pocas, lo cual me extrañó en su momento, dada la cercanía en espacio, tiempo y aficciones. Así que me alegro de saber que existe esa "Correspondencia Zweig - Hesse". De Zweig he leído más que nada biografías, y muy poco más, casi nada. Lo que más recuerdo, amargamente, es esa alegría con que hablaba de Brasil, diciendo que era el país del futuro, algo así como la esperanza del mundo...
Me gustaría transcribirte aquí una crítica que un joven Hesse (de 27 años) hizo sobre un libro de Zweig: Die Liebe der Erika Ewald ("El amor de Erika Ewald"). Lo lees y luego, si te parece demasiado extenso, lo borras y punto:

"Stefan Zweig, que hizo mucho por dar a conocer a Verlaine en Alemania y que hace poco publicó una selección de Verhaeren en una traducción, aparece en las cuatro novelas cortas del presente libro por primera vez como narrador. "Novelas cortas" no es del todo la expresión correcta para estos finos estudios del alma, casi temerosos en su escrupulosidad. Lo narrativo no aparece dominante, sino que se amolda, como si buscase un apoyo, en las soluciones sicológicas extremadamente delicadas y en la calidez de la expresión ocasionalmente lírica y traslúcida.
Con esto están indicados los defectos y las bellezas de este libro curioso y prometedor. Tdavía le faltan la alegría y fuerza ingenuas y robustas del gran narrador. En cambio los acontecimientos surgen perfectamente preparados de profundidades del alma claramente iluminadas, sencilla y gravemente; no asombran ni conmueven pero son comprensibles y siguen actuando subterráneamente durante mucho tiempo. No es desde luego una casualidad que precisamente la última y extensa historia cuyo tema tiene aspectos verdaderamente novelescos esté también más impregnada de meditación reflexiva, de sicología vacilante de modo que el tema que en sí es eficaz y colorista (creación y destrucción de un retablo de Amberes) se vuelve más delicado y blando, pero también más pálido y borroso. Uno desearía aquí un ataque más osado, una mano más ruda y audaz.
Pero como siempre, aquí las bellezas también están unidas inseparablemente a los defectos, y al final uno no desea que el conjunto sea distinto y sigue de buen grado hasta el final al poeta que observa con tanta sutileza y que es tan delicado al abordar las cosas. Pues Zweig, aunque como narrador no esté todavía maduro ni hecho, es un personaje especial, simpático, y eso vale más que toda la técnica. Por eso deseo a esta primera obra no sólo buenas sucesoras, sino también buenos y atentos lectores y amigos."

Hermann Hesse (1904)

Te confieso, Daniel, que he sufrido un poco transcribiendo este texto, porque me gustan mucho las comas, jeje, me ayudan a respirar.
Un abrazo.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Gracias Montse, por tu estima a mi blog y por los “inmeritados” calificativos que me concedes.

Saludos despiertos (aunque con este calor y a estas horas….. no sé..)




Apreciado Antonio. Para nada voy a suprimir la amable trascripción que me ofreces y menos tratándose de un texto de Hesse. Yo también soy aficionado a las comas, y en general a todo tipo de puntos ortográficos; por lo cual celebro que tú igualmente las uses. (Cualquier apnea es perniciosa). Te recomiendo vivamente esa recopilación epistolar (1903-1938) que ha editado la Editorial El Acantilado (excelente editorial) puesto que ampliarás la información sobre el tío Hermann, que tanto nos interesa a ambos.
Asimismo podrás acercarte más a la personalidad de Zweig, que como ya se ha comentado aquí, estimo que es un escritor irregular, pero con grandes obras, repletas de erudición y de humanismo.
Zweig (un poco mayor, más bien situado y inicialmente más célebre que Hesse) ayudó al hombre de Calw, publicando sus primeras creaciones en revistas; el uno y el otro se intercambiaron sus trabajos aún inéditos, haciéndose apreciaciones sinceras y cultivando una amistad cercana y muy respetuosa.
Prueba de ello, es esta crítica que me brindas donde prima la realidad y la honradez. Al final Hesse hizo lo indecible para ayudar a Zweig en su exilio de Londres, antes de que éste partiera al Brasil.

Recibe el afectuoso abrazo de siempre.

Anónimo dijo...

Me parece un muy buen post este último tuyo. Yo también tuve mi etapa absorta en Zweig; comencé con las biografías, que me parecieron excelentes; mucho mejores que sus novelas, como tú bien dices. "El mundo del ayer" es un extraordinario mapa intelectual de la Viena que ya nunca volverá. Pero lo que más me impresionó de este autor fue su capacidad de penetración en la psicología de intelectuales, que no conoció jamás salvo por sus obras, y el selecto, condensado lenguaje del que hace gala.

Fran.

June dijo...

Querido Conde, leí a Zweig casi antes de tener uso de razón, antes que a Hesse y, por supuesto, antes que a los clásicos españoles (estos últimos los leí ya en el instituto). Debo decirte que la imagen del suicidio me desagrada tanto ahora como la primera vez que la vi; prefiero recordar los primeros títulos que cayeron en mis manos: Veinticuatro horas de la vida de una mujer, Los ojos del Hermano eterno, La biografía de Maria Antonieta...y después vino el resto. Agradezco mucho esta entrada, en realidad, en aquella época, siempre me alegraba encontrar a un lector de su obra y, eso, por aquel entonces, ocurría en contadas ocasiones. Un besote y hasta la vuelta, regresaré de nuevo en unos días.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Gracias Fran. Sí, yo también voy comprobando que Zweig es mejor biógrafo o ensayista que novelista. Saludos.


Me alegra verte por aquí de nuevo June, aún que sea con intermitencias. Y me alegra así mismo que seas o hayas sido lectora de Zweig. Besote.