domingo, julio 19, 2009

Johnny?


Hay personas adictas a las teleseries de TV. Yo, que nací paralelamente al auge de ellas, no he sido su víctima, aunque el riesgo era muy propiciatorio. Y pese a que he curioseado en muchísimas, siempre asumí el papel de juez que no se dilata en su veredicto. Por ello prácticamente todas han sido condenadas a las ollas de Pedro Botero. Sólo he salvado una docena de las que han pululado en estos últimos sesenta años. Y de esas doce, exclusivamente hay un par que en mi opinión poseen categoría de arte: Banacheck y Los cuentos del Mono de Oro. Y si de las dos hay que elegir una, me decido por la segunda.

La serie de Los Cuentos del Mono de Oro fue producida por la ABC en 1982 y sus capítulos (21) dirigidos por dispares directores, que contaban con guionistas de la talla de Tom Greene o el omnipresente Donald Paul Bellisario.
La imagen romántica del protagonista de entre guerras Jake Cutter, (Stephen Collins)- miembro voluntario de los Flying Tigers que sobrevolaron la China y el Japón pocos años después- atesoraba todos los acicates para embelesarse con su historia. Un perro tuerto con parche a lo pirata que atendía por Jack; Corky, un amigo fiel, ocurrente y cobardica y Sarah, una seductora partenaire (Caitlin O’Heaney) espía norteamericana y cantante de blues en el Monkey Bar con aire francés. Todo ello en una paradisíaca isla inexistente en la Polinesia. Y por supuesto el hidroavión, un “fardón” Grumman G-21, bimotor, conocido como “Goose”.




Pero lo que más me fascina de la historia es el sabor que nos legan sus héroes. Son criaturas gloriosas pero terrenales, con excusables vicios y colmadas de sentimientos; gestan sus hazañas como seres buenos sin pedir ningún laurel a cambio. A mi modo de ver, refleja el pesar de ese final de los años treinta frente al terror que se avecinaba y la pasión por vivir el día a día, ese “estar” y convertirse casi en el inconsciente adalid contra el pavoroso nazismo que lo pudría todo. El protagonista puede volar desde Saipan a Ngau, sólo para tomarse un “chupito” de McCallan. Esa no obligatoriedad a nada es la que me cautiva.

Seguramente, Jake Cutter, en realidad era Johnny. Ese Johnny que aunque con algo de retraso, salvó a Europa -y por extensión- al planeta- del horror. Johnny era un tipo común poco corriente; un ángel guapo y galante, valiente y algo bravucón, que fumaba cigarrillos rubios y no exigía demasiado a cambio.
Terminada la gesta. El querubín protector regresó a su hogar, colocando sobre la mesa de los admiradores, una enorme factura de sus honorarios. Abandonando múltiples corazones quebrados, se limitó en el otro lado del Atlántico, a engordar, a afearse, a acudir a los estadios de béisbol y a jugar en Wall Street.

Pero aunque Johnny dejó de ser un ángel, dejó enamorada para siempre a Sarah y a Europa. Su carácter y su estilo de vida fueron la puerta del cielo y el lugar por donde había que huir de la miseria física y mental.
Ciertamente la música de fondo de este texto debería ser otra. Algo del blues o del swing de los cuarenta. Quizás la idea del “ningún camino”; de la inexistencia del “buen sendero” de Crhistine Perfect. Sin embargo me parece más acertada, la voz rota y nostálgica, seducida y resignada, de Edith Piaf, mientras la llamaradas de París se mitigaban.




6 comentarios:

Lena dijo...

Yo tampoco veo series...casi no veo tele...

Pero todo lo que has contado de esta serie que citas me gusta mucho...la describes tan bien, que entusiasmas!

Voy a ver si pillo algún capítulo en internet!

Un besote, Daniel!

June dijo...

No conozco la serie, en realidad no recuerdo ninguna ahora mismo, debería hacer memoria...¿cuándo dices que se emitió?...Ah, sí, recuerdo la serie Bonanza, muy mala, debió ser la primera serie que vi alguna vez, a parte de Flipher, Rin Tin Tin, y de Furia, también Embrujada, Ja,Ja,Ja. ¡Menuda memoria histórica la mía!. En fin, posteriormente he visto algunas serie inglesas y francesas muy buenas, algunas de ellas de humor...
Lo has explicado tan bien, que me sabe mal no conocerla. Un abrazo, Conde.

June dijo...

Se me olvidó decirte que acabo de pasarme por un blog en el cual hemos hablado del mítico bar El Pastís: recuerdo el vibrante sonido de Edith Piaf envolviendo el humo de los cigarrillos en maravillosas espirales...codo con codo, hombro con hombro...Un petonet, Conde.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Gracias Lena, si pillas algo de la serie, creo que te gustará. Otro besote para ti.

Para andar escasa de memoria, “Dèu n’hi do”. Rin-tin-tín y el cabo Rosty, jajaja!.
La serie a la cual me refiero, la emitieron a mediados de los ochenta y tuvo pocas reseñas, al ser tan corta. Creo que la volvieron a “echar” no hace mucho por el Canal 300, pero me parece que ese canal apenas lo pilla nadie.
Algunas canciones de la Piaf, me gustan. No todas.
Un petonet, June

Paula dijo...

No quiero pasarme de lista pero creo que me suena la serie. Recuerdo un capítulo en que el protagonista pide consejo al perro para apostar algo, y éste ladra dos veces, lo que él entiende como sí. Al final resultó que ladrar dos veces era no, y perdió la apuesta.

También recuerdo el mono de oro, que tampoco era de oro.

Si no estoy perdiendo la cabeza, creo que la vi cuando era pequeñita.

Besillos.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Sí, vas bien encaminada. Era esa, Paula. Si la viste a mediados de los 80’tas, realmente eras muy pequeñita.
Besito