jueves, julio 09, 2009

Consideraciones sobre Hesse


- Viaje a Nuremberg -
De la ciudad bávara, siempre tuve poca razón. Lo peor ocurrió en mis años juveniles, cuando cayó entre mis manos un voluminoso estudio de Joe J. Heydecker y Johannes Leeb, acerca del proceso de inculpación que contra los nazis se llevó a cabo en esta ciudad en 1945. Todo lo relatado en el libro y cotejado con otras obras sobre el III Reich, acabó generando en mi inconsciente, que aquella debía ser una parte del mundo siniestra y nada recomendable, para dar un corto paseo.
La sucesiva caterva de codiciosos y apoltronados profesores que desfilaron delante de mis ojos y que me tocaron en desgracia padecer, ninguno me habló de ello y por esto, ninguno me sacó de mi error.
Hace una década leyendo a Jünger, me reveló que el más perfecto alemán se habla allí. Si le añadimos la noticia de que Albrecht Dürer nació y murió en dicho lugar y le sumamos la visión de los documentales de la cineasta Leni Riefenstahl en el Zeppelinfeld, podría cerrar el petate de mi erudición sobre Nuremberg.

No hace mucho decidí viajar por el Freistaat Bayern, interesado principalmente en München y Regensburg. Pero como Nuremberg no se ubicaba demasiado lejos, determiné acercarme.
De entrada, descubrí que la ciudad no se llama Nuremberg sino, Nürnberg. Un tanto asustado, imaginando que me había equivocado de visita, procuré informarme. El resultado fue, que bajo la dominación española, la ciudad devino rebautizada como Nuremberga; asunto que entonces comprendí, al rememorar esa atávica inclinación histórica que gobernantes y monarcas españoles han detentado en crismar etnias, topónimos y nombres propios y constatar que el idioma castellano es una fábrica continua y pertinaz de exónimos.
Nuremberg- ya puestos- es una ciudad encantadora. Y debió serlo mucho más antes de que quedara casi lisa tras sobrevolarla los bombardeos aliados. Hoy reconstruida, es un emplazamiento sorprendente con un hermoso aire medieval; unas murallas grandiosas la circundan y uno se siente francamente feliz paseando por sus calles adoquinadas y montuosas; se respira un dulce sosiego, en las caminatas por los flancos de los múltiples canales en que se bifurca el río Pegnitz, perfilando parajes de ficción.
Remotamente alguien puede preguntarse, ¿Y Hermann Hesse, qué tiene que ver con todo esto?. Mucho y poco diría yo. Pero eso, será en otra ocasión.

5 comentarios:

MGJuárez dijo...

Pues a esperar... Sobre Hesse, aún tengo pendiente leer uno de sus libros... de ¡uff! hace mucho tiempo El juego de los abalorios. Leí otros muchos de este autor, pero este siempre se me negó; y ahí está, en el estante, en una edición de bolsillo de 1980. Entre sus hojas, medias cuartillas dobladas con anotaciones, como una fecha 17 de agosto (1983)... y una dirección... VoelckerstraBe, 28... Frankfurt... Pero lo vuelvo a cerrar.

Espero tu nos habras lo que encierra este autor.

Gracias,
Montse.

Antonio Castellón dijo...

¡Pero, hombre, Daniel, cómo se me pudo pasar esta entrada tuya!
Te juro que la descubro ahora, y es que estoy de un despiste con esto del calor...
Ya leyendo esperaba que la alusión a Hesse del título tuviera su eco, pero veo que no. Esperaré.
Y de paso le digo a Montse que se anime, que ese libro de Hesse, Das Glasperlenspiel, es muy bueno; tan bueno que el mismo Hesse lo consideraba como su "testamento" literario. De hecho fue su última obra 'grande'. Luego vinieron poemas, artículos, pequeños ensayos y cartas. Nada más.

Un abrazo, amigo Daniel.

PD.- la próxima vez avisa, please.

MGJuárez dijo...

Bueno Daniel, si has de abrir, mejor quito el candado de la "h", ¡glups!...


****************************

Gracias Antonio, me animaré a un nuevo intento.

Nunca he sabido por qué me costaba tanto seguir con esta lectura. Pero si recuerdo la sensación de agobio, como de un mundo cerrado que no sabía donde ubicar. Dejé a José Knecht en su mundo, y siempre que he tenido la ocasión de coger el libro, lo he abierto esperando me mostrase algún fragmento que captase mi atención.

En suma, una sensación de fracaso terrible.

Un abrazo,
Montse.

MGJuárez dijo...

Vuelvo...

Estos días volví a relecturas, y uno de los libros es de Haikús. Este librito de poemas es muy especial, al final contiene 50 koans (son respuestas desde la intuición que el maestro zen intenta lograr de su discípulo) para la iluminación.

Os anoto una. La nº33.

Un día Manjusri estaba ante la puerta, el Buda lo llamó:
- Manjusri, Manjusri, ¿por qué no entras?
A lo que Manjusri respondió:
- No veo que esté fuera. ¿Por qué debería entrar?


Esto me ha hecho pensar en la dificultad de mi lectura. Quizás yo considere que sí estoy fuera de esa lectura. Todo sea relajarse y no esperar que el libro me muestre nada, sino leer y ver el efecto que me produce.

Nuevamente, un abrazo, y mil gracias a los dos.

Montse.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Hace mucho tiempo que leí “El juego”. Por lo cual tampoco recuerdo mucho. No tengas sensación de fracaso, Montse, porque creo que es la obra más compleja de Hesse y seguramente la más ambiciosa (No sé si Antonio estará de acuerdo conmigo).
Lo más imborrable era lo de “magíster ludi” palabreja que me gusta mucho. Por lo demás es una especie de novela de ficción, ya que la acción transcurría en el futuro, en un Orden religiosa y utópica del saber y del engrandecimiento del espíritu. Temas obsesivos en Hesse y que tiene mucho que ver con las obras anteriores, a mi juicio más fáciles. Recuerdo el final de Knecht, pero por supuesto no lo cuento.
Con seguridad, tampoco yo estaba preparado para leer algo tan profundo. Algún día la volveré a leer.


Antonio, no te avisé, porque empecé a escribir sobre la lectura del Viaje a Nuremberg, y los prolegómenos me salieron tan “luengos” que ya no cabía ni Hesse, jaja!.
Cuando acabe la segunda parte –que es de lo que realmente quería escribir,- te aviso sin falta. Lo de la Casa Camuzzi también,( si consigo desenterrarlo de alguno de mis rascacielos de libros y papeles).

Abrazos a ambos.