lunes, junio 15, 2009

Elegía



¿Sabes?. Llegaron los carros de hierro y nos robaron nuestro paisaje. Derribaron la casa, arrancaron las flores del almendro, se llevaron la centelleante sombra de las acacias. Y la higuera que hicieron crecer los abuelos, de los abuelos. Sepultaron el huerto y el jardín. Cegaron el pozo. Ahora hay un asfalto. Un patio de escuela con niños y una pared con graffitis colgando.
Y tú te fuiste; hace demasiados años que no estás. ¿Sabes? ya no soy aquel niño que amaste. Tampoco está. Solamente hay un hombre maduro, un extranjero que mira viejas postales y que el inmenso pisar del tiempo, va alejando. ¿Cuándo, cuándo volveré a casa, mamá?

6 comentarios:

June dijo...

Conde,dejaría palabras que, en estos momentos, no podría ni siquiera pronunciar...y que serían del todo innecesarias.

alfaro dijo...

¿sabías que la palabra "Extranjero"en francés tiene un matiz semántico de extraño? Este matiz semántico es el que tiene precisamente "El Extranjero" de A. Camus, que es un extraño, a mí me encanta esta acepcióm, porque resulta que todos somos extranjeros hasta en nuestra propia tierra, por eso nunca hay un lugar al que regresar, nunca regresamos al lugar que dejamos,
no acabo de entender esa manía que tiene la gente de querer regresar al pasado, a los lugares del pasado... como si fuera posible.

Por eso me gusta tu texto breve, y bien escrito.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

June, creo entenderte. De todos modos, pienso que como ya, nosotros dos, llevamos mucho tiempo cambiando opiniones, nada de lo que digas, me parecerá innecesario.
Un beso, amiga.




Es cierto, Alfaro. Desde que leí a Camus, yo tengo también otro imaginario respecto a la palabra “extranjero”. Cuando elegí esa palabra para designar esa actitud, quería remitirme al estado que debió sentirse el protagonista de la novela ante la muerte de su madre(al principio de la obra). Esa muerte que se produce por fuerzas anónimas, inesperada ante un ser querido, pese a la cotidianeidad en si misma. No hay lugar de regreso, lo sabemos, sin embargo justo por eso lo anhelamos y lo idealizamos, a veces. Coincido contigo en que abusar de lo ocurrido –como todos los abusos- no es bueno y uno acaba enranciándose. El ayer se usa como trampolín para seguir hacia delante, y en ese avanzar seguimos añadiendo pasado. Y al final entrevés que la senectud y la infancia acaban pareciéndose.
Otro beso, también para ti.

Bel dijo...

Me acuerdo del día que conocí al conde, allí, plantado, esperándome ante el viejo edificio.
Me acuerdo de su sonrisa.
Me acuerdo de su manera de escuchar, atenta y cómplice.
Me acuerdo de sus palabras, de las nuestras, atropellándonos, tánto teníamos que decirnos.
Me acuerdo del humo, del cigarrillo constante entre sus dedos, de los mecheros robados de Rosa.
Me acuerdo de los poemas, de sus poemas, del teatro que espera.
Me acuerdo de las risas.
Me acuerdo del declinar de una tarde de primavera.
Me acuerdo de que me acuerdo.
No siempre recordar es doloroso.
Un abrazo enorme.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Ep! Qué bien que estés por aquí de nuevo, Bel y con tu flamante router de tropocientas megas a tope. Bueno, entre Alfaro, Rosa y tú, me tenéis casi aturdido y ruborizado con vuestras hermosas muestras de cariño y simpatía en tan pocos días. Como tod@s los que me saludáis por esta inalcanzable Fanzara, sois un lujazo de amistad. Y he de decirte, que ese atardecer que tan bien has plasmado, (y en el cual salgo tan bien parado) son también para mí, unas horas felices, que en alguna otra ocasión deberíamos repetir.

Gigantescos mis abrazos.( para que no me tildes de tacañito, jeje!)

June dijo...

Perdona, Conde, quizá había un tono un tanto críptico en mis palabras. Sólo quise decir que este texto es tan tuyo como mío,no porque lo haya escrito yo, sino porque lo sentí como si fuese propio....No pude decir más porque me emocinó...Solo hubiese cambiado una única palabra y, en su lugar, hubiese puesto "papá".