martes, marzo 17, 2009

El Viaje a Italia

No lo sé. Ignoro si debe ser por la traducción de Rafael M. Bofill, pero deambulo por la Italia de 1787 de la mano de Goethe, muy sosegado. De un modo sorprendente, la comprensión se me muestra paulatina. Una lectura que sospechaba rápida, me impone a que se sucedan las semanas mientras avanzo muy flemático, aunque la aventura me es muy grata.

Soy incapaz de definir si es o no una buena traducción. Por un lado creo que es demasiado académica, lo que le confiere un aire neoclásico a mi lectura; considero que el traductor hace demasiado hincapié en los pronombres débiles, que en algún caso los reputo innecesarios. En otros casos el sustantivo el verbo y sobre todo el adjetivo es sumamente pensado y acertado.

No puedo lamentarme además, dado que cuando resolví afrontar El Viaje por Italia, descubrí que todas las ediciones en catalán y en castellano estaban agotadas. Solo un imprevisto encuentro con un amigo, solventó mi decepción al poseer un volumen en mi lengua vernácula.

Curiosamente, dicha lectura, me ha recordado bastante a los textos de Jünger, tan alejadas en los lugares, en la situación histórica y en el tiempo de ambos pensadores germánicos. Ese afán por herborizar, con los bolsillos colmados de piedras variopintas; ese interés por la mineralogía, no deja de asombrarme. Sin duda nos hallamos con un Goethe en plena ilustración, a las puertas del comparativismo y quizás habiendo superado esa punta del iceberg romántico que se avecinaba y que significó su Werther, que tantas puertas le abrió.

Gracias a él, he fantaseado y evocado momentos mágicos e impensables. Una Bolonia vista a modo de turista del siglo XXI. O el Coliseo, iluminado en la noche romana por descuidadas hogueras atizadas por indigentes; abandonado a cualquier curiosidad peatonal sensible; en definitiva, un lugar ingrato, hogar y patria de menesterosos.
En Viaje a Italia, percibo un alma muy auto dominada, a la sazón de la forma de ver el mundo, desde una óptica prusiana. No es un panegírico de la Italia dieciochesca pero tampoco es lo contrario. Dinamita lo que le parece absurdo o ridículo de una forma elegante y lo que le impresiona lo expresa de modo moderado. Con cierta fascinación, se me revelan decires que conducen levemente a la manera de Voltaire. Describe situaciones que le sorprenden, dando prioridad a las relaciones humanas de quienes le acompañan o bien de los personajes que descubre en el camino. Admira obras que no son exactamente las más reconocidas, con críticas ponderadas y no entra en el análisis de las que son más célebres y en la mayoría de los casos ni las menciona.

Aprecio esa mirada particular, de alguien que sabe lo que quiere ver y lo persigue. Le observo preocupado por las representaciones teatrales de la época, por encima del reencuentro con la arquitectura y escultura clásica y aunque en realidad es simplemente un viaje a Roma, los pasajes más sabrosos los halla fuera de la ciudad eterna. Todo es una compilación de diarios, notas y cartas a sus amigos que se entretejen; lo que hace que el un cuaderno de viaje, me sea muy sustancioso.





Junto a él, estos últimos días me he embarcado en una corbeta huérfana de vientos sobre una mar gruesa desde el puerto de Nápoles, reviviendo la costa sorrentina, hasta llegar al puerto de Palermo. Allí por primera vez, Goethe se hace mediterráneo; abandona su distinción germánica y se apasiona con todo lo meridional.
Incluso su cuidado luteranismo, -respetuoso, tolerante a ratos, pero discrepante con el catolicismo- acaba guardado en la habitación en que se hospeda, para quedar vivamente impresionado ante la iglesia dedicada a Santa Rosalía en una cueva del Monte Pellegrino. Allí sucumbe ante la conmoción y la belleza, desprovista de prejuicios y de pensamientos aprendidos. Y le hace concebir que si uno obvia Sicília, no hay ninguna Italia explicable ni comprensible; algo que yo sospechaba y temía.

Por ello, mientras sigo su pausado viaje, no dudo en reservar unos pasajes con destino al aeropuerto de Borselino; los presentes de hoy serán los magníficos y nostálgicos recuerdos de mi mañana, que sin duda, ubicaré en las esquinas vacías de mi alma.

13 comentarios:

ramon herreros dijo...

Me alegro de que el libro te sirviera de compañia en tan iluminador viaje. Goethe no ha tenido por ahora suerte con sus traductores, de todas maneras hay que pensar en cuando fue escrito el libro.

El amigo prestador

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Jaja! Ramón… y yo que te había mantenido en la clandestinidad…. Ya ves… vas a tener que armarte de paciencia antes que lo termine….

Eterna aprendiz dijo...

Me gusta mucho esta entrada, la manera tan amena e interesante con que describes tu lectura, y yo transportándome a todo lo que cuentas.
Gracias por compartirlo, muchos besos, guapo.

CoRaZoN_ToCaO dijo...

Pasearse Italia con la narracion de lo que lees me resulto muy acogedor,Goethe hace gala con su lirica,y tu lo haces en prosa sorprendente,recorri contigo las descripciones del autor ,gracias por poner a funcionar los recuerdos,un beso...

LETRAWEB dijo...

Bueno amigo Jojo, yo me guardo todo para ponerme al día y leerlo con detenimiento.
Un beso!
Bye bye

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Gracias amigas, por acompañarme en el "viaje". Besos a repartir.

Bel dijo...

Aunque tu texto, como ya te han dicho, es sugerente y evocador y dan ganas de leer ese libro, lo primero que he visto ha sido la imagen que me ha remitido inmediatamente a "El amante del volcán" de Susan Sontag y nada, no hay manera, de que consiga ver a Goethe.
Un beso, querido Conde.

LETRAWEB dijo...

Hola Jojo:
Antes de irme de vacaciones, te he dejado un premio en el blog. Un gran mimo, que mereces por la excelencia de tus creaciones.
Ya me puse al día en todas las entradas.
Enhorabuena por tu blog.

Beso
Bye bye

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Desconocía la portada de la obra de Sontag. Localizada, he visto que se trata del Vesubio en erupción, sobre Nápoles y la que yo escogí es la del Monte Pellegrino en Palermo. Pero tienes razón, ambas tienen cierto aire semejante. Un beso, Bel.


De nuevo gracias Martha, por tus arrumacos habaneros; te deseo felices vacaciones.Besos.

oyana dijo...

Me gusta su blog. Un saludo

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Encantado que sea así, Oyana. Saludos.

Anónimo dijo...

En relación al primer párrafo me recuerda aquello de que traducir es traicionar el texto original. Decía un crítico y cuentista célebre que la página perfecta es la que peor soporta el paso del tiempo y la que peor sobrelleva una traducción. Cualquier modificación en ella traiciona el mensaje original porque lo "perfecto" en literatura se refiere a la forma y en cambio las ideas (más relativas) no son modificables por estas circunstancias. ¡Hay que ver que ladrillo te he dejado, lo puedes borrar!
Tu texto es elegante, como siempre.
Abrazos. Fran.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

De ladrillo, nada. Ya sabes que tus pareceres cuentan para mí. Abrazos, Fran.