domingo, febrero 01, 2009

Tentaciones y Lluvia

Anteojeras. Lo que los italianos denominan como paraocchi y los franceses oeillères. Hay quien las llama tapaojos o cubreojos. Otros, simplemente, viseras. Los ingleses lo apodan como blinkers. Juzgo que este es un término elegante y contundente. Pero para categórico, la expresión alemana: Brillenfutter. Es decisivo. Lacerante. He leído en algún lugar que muchas mujeres querrían unas, para sus maridos o amantes.

Bien. Necesito unas buenas anteojeras. Sería preciso. A poder ser de estiloso cuero negro. No para todo llevar, por supuesto. Solo, para cuando acudo a mi librería en la cual, últimamente, soy bastante reincidente.

Ayer diluviaba. Eso no fue obstáculo para presentarme. Goteando, avancé raudo por todo el establecimiento. Al fondo una chica se acomodaba en un pequeño despacho y es ella quien ostentaba mi libro reservado de Eckermann. Ese periplo hacia la dependienta, entre ingentes cantidades de libros, apilados, bellos y fragantes, con ese aroma irresistible que desprenden los libros nuevos, fue un agridulce tormento para mí. Aquí y acullá, brazos inexistentes, voces fantasmagóricas, me llamaban y me tocaban los codos. - Aquí estoy. - Soy yo aquél que buscabas- bramaban desgañitándose, los muy seductores.
Una vez Eckermann estuvo bajo mi posesión, llegó lo peor: salir. Avancé más veloz si cabe por los pasillos, pero en un recodo zaino, una librería me obligó dar una pequeña vuelta fatal. Mis ojos reos de la tentación se ladearon y un ¡NO¡ interior retumbó en mi mente. Las manos fueron más ágiles y desobedientes y cuando quise reaccionar, ya asían los volúmenes.

Consternado, casi jadeante, llegué a la puerta de escape. Allí me enfrenté a un paliducho chico que pronto exhibió una bolsa de papel donde uno a uno se precipitaron en ella, todos los tomos. Eckermann, algo de Malraux, un poco de Boecio, un ápice de Vila-Matas, un cacho de Borges y unas briznas de Pessoa. Excepto Eckermann, ninguno fue llamado; pero ahí estaban. Unos segundos más tarde, mi tarjeta de crédito aulló angustiosamente.

Unas anteojeras me serían imprescindibles. Pero luego compruebo que esas menudas tapias visuales son inútiles sino van integradas en una cabezada para burro o caballo. Eso significaría emplazarme un artilugio que además de las susodichas anteojeras, han de acompañarse con una frontalera, una roseta, una muserola, un freno, una quijera y un ahogadero. Demasiado ultrajante. Sólo me salvaría de las bridas. Aunque según quién me acompañe, es algo que no me importaría en exceso.
FrauMitSchrim. Óleo. www.headart.de

9 comentarios:

June dijo...

Siempre tan certero, Conde, a mi me sucede lo mismo....Una vez decidí ir sin duro, sin targeta e incluso sin DNI, pero tuve la desgracia, aunque lo quiero mucho, de encontrar a mi mejor amigo que me dijo: "Yo te presto"...Entonces supe que no había nada que hacer.

alfaro dijo...

Nunca lo había vivido así, qué aventura viajar por la librería,
por esa casa tan llena de tentaciones,no me dejéis entrar-diría yo a quienes me acompañaran en ese momento...
Qué bien escrito.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Gracias amigas. Creo que abandonaré la idea de las anteojeras. Irremisiblemente seguiré acudiendo a mi librería. Temo.

Antonio Castellón dijo...

Muy bueno, Daniel. Y qué mal se pasa en esos momentos. A mí me ha ocurrido incluso algo peor: entrar en una gran librería, de esas de varios pisos, sin tarjeta de crédito y con sólo lo justo para uno o dos libros. Todo un infierno. Entras para un rato y te quedas toda una tarde, sin saber cómo salir. Los libros no me llamaban ni me daban codazos, no, directamente se me subían a la chepa. Tenía que quitármelos de encima a manotazos, con suavidad y dolor íntimo por ser amigos, pero a manotazos. Y luego estaba la tentación de lo imposible..., que es como un vacío en el estómago y un sudor febril.
Terrible experiencia, Daniel, terrible de verdad, esto de ser librófilo sin apenas un par de duros.

Un abrazo.

Eterna aprendiz dijo...

Tengo una cosita pa ti en mi blog, pásate. Besitos

Bel dijo...

Me ha encantado, Conde, es exactamente esa sensación la que he tenido tantas veces, oigo como los libros me llaman, me dicen: "tómame" y yo, ahí, como en una mala película de miedo, intentando controlar los brazos que se van solos hacia ellos.
Un petonás.

LETRAWEB dijo...

Hola amigo:
Pues yo padezco también de esa debilidad. Ahora mismo, con la Feria Internacional del Libro de La Habana, te imaginarás.
Como siempre, un gusto leerte. Un texto excelente.

Abrazo y feliz fin de semana.
Bye

Eterna aprendiz dijo...

Jojito guapo, mira que eres despistado, has venido pero no has visto lo que tenía para ti, es un premio a la amistad y además te va a gustar saber que lo compartes con dos seres igual de extraordinario que tú y que son: Bel y Montse!!!
Besitos, corazón!

corazon_tocao dijo...

Muy agradable lectura,escribes fenomenal,hasta ganas de ir a quitarle el libro a la chica y entregartelo,valia la pena hacerlo!Eckermann tb lo valia...Cdo entro a una libreria casi siempre pasa igual ,voy por uno y salgo con 3 o 4,creo que ni las anteojeras servirian de nada,y los frenos..no se si funcionen .Un beso.