sábado, enero 03, 2009

Una fotografía


A long time ago, solía ver un programa de televisión que hablaba de arte en general. Si alguién me preguntara el título, diría que no lo recuerdo, aunque no he olvidado a la presentadora, una jovencita casi adolescente, con peinado afro que se hacía llamar Paloma Chamorro. En la cabecera del programa y con el fondo de Los Augurios Primaverales de Stravinsky, aparecían sincopadas imágenes de obras pictóricas, imágenes de artistas, poetas o edificios vanguardistas. Entre ellas se mostraba El hijo del hombre de Magritte y la imagen de una mujer que me cautivó. Tardé unos años en volver a reencontrarme con esa figura. Sin saberlo, había quedado estampada en mi inconsciente a hierro y fuego y solo lo descubrí cuando una mañana, tras ojear la revista Ajoblanco, emergió reproducido su retrato, sin ninguna referencia ni identidad; únicamente, con una pequeña dedicatoria manuscrita: con pasión. Ese día comencé a despreciar lo casual y a creer en los eones y en el más allá. Parecía como si la ilustración me buscaba a mí, con la misma intensidad que yo la amaba a ella. Arranqué con cuidado mi valorado icono y me presenté resuelto en un establecimiento de marcos, para que lo enmarcaran. El hombre me miró un tanto confuso al mostrarle ese trozo de papel de pésima calidad, oteándome de reojo con la cabeza gacha, mientras advertía mi insólita veneración a un simple trozo de periódico incoloro. Encuadrar una efigie de mujer que tan siquiera tenia visos eróticos. Fetichismo extraño el mío.

Pronto ocupó el lugar más preferente en los estantes de mi humilde escritorio. Cuando la melancolía se adentraba en mi habitación o cuando todos mis asuntos andaban mal, nos mirábamos a los ojos y dialogábamos sin pronunciar ni una palabra. Eran unas voces que solo se revelaban en el corazón del silencio. Sorprendentemente me daba fuerza y cada día la idolatraba más.

Pero ignoraba quién era. Apenas hablé con nadie de mi raro amor. No pude ocultar por mucho más tiempo mi preocupación, a mi mejor amigo de entonces. Él, que se juzgaba erudito, y realmente lo era, sentenció con rotundidad: Lou Andreas-Salomé.

Pero no era Lou. Indagando entre mi biblioteca, hallé viejas fotografías de la diva rusa. Sus facciones eran más duras y no era tan bella como mi numen adorado.
Resignado, me abandoné a la idea de no saber nunca su nombre real y quién había sido ella.

En el decurso del tiempo un buen día de noviembre se esfumó el enigma. En la revista Jano, Néstor Luján dedicaba unas páginas a musas, casi todas olvidadas o apenas conocidas. En aquel artículo surgía la misma imagen de ella: Cléo de Mérode. Mi pasional amor platónico ya tenía nombre.

Cléopâtre Diane de Mérode, fue la estrella del Folies Bergère a principios del siglo XX y fue amante del Rey Leopold II de Bélgica. La radiante fotografía se la hizo el parisino Félix Nadar. Ella falleció en 1966.
Nada de eso me incumbe especialmente; al fin y al cabo, lo importante, es que ella siga a mi lado. Contemplándome eternamente, desde este anaquel predilecto. Arropada entre mis libros y mis sueños.


11 comentarios:

alfaro dijo...

No he vivido nada parecido, quizá no se me haya cruzado en el camino la belleza en forma de figura humana. Ya me gustaría haberme cruzado y poder escribir un texto con tanta belleza.
Me encanta la belleza de la mirada de la fotografía pero no la cambiaría por las palabras que has escrito.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Es muy bonito lo que dices de mis letras, Alfaro. Solo puedo expresarte mi más sincera gratitud.

Un beso.

Bel dijo...

Conde,
Muy bello recuerdo. E impresionante en otros sentidos. En Ajoblanco, una joven que conozco, casi adolescente, publicó un poema. Pero perdió el ejemplar y ahora no recuerda ni dónde, ni cómo, ni qué y tampoco el pseudónimo con el que iba firmado.
Unos años después, la misma, fue secretaria de redacción de Jano. Creía que esa revista sólo la leían los médicos...
Un abrazo impresionado.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Todo en esta vida tiene una explicación, Bel. En mi casa, a los médicos hay que apartarlos con pala.
Beso.

Bel dijo...

¡Aaaaaah! Te veo muy sereno, de todos modos. A mí sólo me confirma que, de alguna forma, sigo siendo Rita...y me encanta. Bellísimo texto, repito.

MGJuárez dijo...

De otro espacio, y de mi espistolario particular, recojo unas mismas palabras: Siempre me impresionan las fotografías en sepia. El tiempo detenido, como si no hubiera pasado y sin embargo la historia contenida, como queriendo salir de la imagen. Quizás sea la imaginación que vuela sobre el pasado, intentando adivinar las situaciones y dar cuerpo a lo que permanece etéreo: la fugacidad de las horas. Ese señor bigotudo, ahí sentado... ¿cual sería su pensamiento? ¿qué objetivo tenia realizarse una fotografía? ¿qué sentido, en esos inicios del nacimiento del arte fotográfico?

Nosotros asistimos y participamos de otros acontecimientos -que aún más rápidamente, pasan a la historia más reciente-, como la escritura en los blogs. Dónde queda todo lo escrito -lo transmitido ya sé, eso es un honor "consumirlo"-; cada "hoja" cibernética -suma y sigue- baja, se sumerge, desaparece, se hunde en la profundidad electrónica, como en una zona abismal con rincones de memoria escondida. De tanto en tanto "rescato" alguno de esos textos y los releo, algo los trae de la zona sumergida. Y es grato encontrarlos de nuevo. Yo también sonrío al comprobar que permanece el mismo efecto relajante de la primera lectura.


No podía ser de otra forma, que de esa suave y enigmática belleza surgiera un texto igualmente dulce y evocador.

Besadetes!
Montse.

P.D.: apss... Jano, Revista de Medicina y Humanidades, la leíamos todos/as, las enfermeras como yo también.

Antonio Castellón dijo...

Gracias, Daniel, por esta entrada de doble belleza: por la imagen de Cléo, que me parece entre una princesa de cuento y el amor imposible de un poeta romántico (así me imagino a Sophie von Kühn, la joven amada de Novalis); y, cómo no, por tus sentidas y hermosas palabras, que he leído y gozado como la mejor poesía.

Aunque pueda parecerte increíble, por la similitud y resonancia, tengo también una historia parecida con un retrato de dama. En mi caso se trata del famoso cuadro de Monna Lisa, la llamada Gioconda. Así que nunca tuve que indagar sobre su origen; aunque mantenga, aún hoy en día, cierto halo de misterio. Desde siempre me atrajo su figura, su porte, sus delicadas manos, su mirada oscura y brillante a un tiempo, y, por supuesto, su sonrisa, que suelen llamar 'enigmática'... Y un buen día me la encontré en el metro, en un puesto ambulante de cuadros con marcos dorados, de esos destinados a los salones de casas burguesas. Allí estaba, inesperada, casi mágica, resaltando entre mediocres pinturas de caza. Y aquella imagen me miró y me pidió en silencio que la llevara conmigo.
Desde entonces, hace más de veinte años, me acompaña en todas mis mudanzas, y no tengo agravio alguno en confesar que he mantenido con ella largas conversaciones silenciosas y múltiples miradas de complicidad. Ha sido, y sigue siendo, mi amiga de soledades y alegrías; la que en las noches más oscuras ha estado a mi lado y ha encendido una luz de ánimo en el sombrío pasillo de mi casa vacía.

Un saludo, conde Daniel.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

Pues no me parece increíble Antonio. Los retratos de mujer pueden ser muy enigmáticos. Después de leer tu historia he recordado dos imágenes potentes. El de Laura de la peli de Preminger y el retrato de Dorian Gray de Wilde.
Gracias por estar por aquí.



Gracias Montse; a mi siempre me han gustado las fotografías viejas, esas en blanco y negro viradas a sepia. No sé muy bien por qué, pero encierran mucha vida y expresividad. Con el cine me ocurre lo mismo. Estoy convencido que trabajar una imagen en b/n es más complicado (tanto en foto como en cine) y permiten reproducir la magia del momento o de la escena con más profundidad.

Antonio Castellón dijo...

Gracias a tí, Daniel, por crear este sitio donde se está tan a gusto.
Pregunté ayer a un amigo fotógrafo por el programa que mencionas en tu historia, y me dijo que se trata de La Edad de Oro.
Un saludo.

Daniel Damián ( Conde de Galzerán) dijo...

No Antonio. La Edad de Oro es mucho más posterior. Allí solo se hablaba de música punky, con actuaciones en directo y era un termómetro de lo que se estaba haciendo en “Movida”. Era un programa también seguí y era muy interesante.
Al que me refiero yo es casi una década antes. Yo era extremadamente joven. Se tenía que denominar “Galería”, “Cultura2” o “Trazos”. Me inclino por el primero porque todavía se emitía en blanco y negro, cosa que no afectaba a la fotografía de la cual estamos conversando. Poco después de colgar el post, lo busqué en Internet y aparece, como no, en Wikipedia. Si es que esto de Internet es ¡la hostia!. Saludos amigo.

corazon_tocao dijo...

Tus palabras bellas,lindo relato y muy enigmatica la mirada de ella,me encanto,un beso.