lunes, junio 02, 2008

Fetichismo de voz






Esta noche, mirando el mar por la ventana, he recordado, la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer, un Rayo de Luna. Siempre me gustó. Aunque con el tiempo, he ido encontrando su poesía, un poco ridiculilla o pasadita de moda.

Pero a mi me ocurrió algo parecido, a lo que en tiempos le pudo ocurrir al poeta sevillano.
Entre 1984 y 1997, estuve encargado de administrar un servicio técnico de redes informáticas (una especie de Helpdesk) entre una central y sus delegaciones esparcidas por España, Holanda, Suiza e Italia.
A menudo, demasiado a menudo, los encargados de cada sede, me pedían que les resolviera desde mi ordenador central, los distintos problemas de hardware y comunicación que pudieran surgirles. Ese era mi trabajo.

En una de esas delegaciones, una chica me llamaba día sí y día también, diciéndome que no iba tal impresora o que su estación de trabajo no funcionaba o cualquier otra cosa referente a nuestro cometido..
Berta, que así se llamaba, poseía una voz preciosa. Hablaba con calma, sin estridencias, y tenía matices y tonos muy marcados que los combinaba perfectamente en cada ocasión. Era una voz femenina, simpática, justa y seria, dulce, pero segura y firme en su timbre, y en sus convicciones, como a mí tanto me gustaba.

Pasaron los años, resolvíamos los problemas a diario, hablamos del trabajo, empezamos a explicarnos asuntos particulares, bromeábamos. Sin embargo, nunca discutimos ni nunca nos vimos.

Yo me enamoré perdidamente de su voz. Y por tanto, con el tiempo fui creando un imaginario propio para ella, para enamorarme de su cuerpo, virtualmente. La veía, con su pelo largo y recogido hacia atrás por los lados, con su rostro redondo y joven, sus grandes ojos, su nariz recta, sus labios finos. Hasta podía imaginar como iba vestida: con un traje chaqueta azul claro sobre una blusa blanca abierta de arriba, que mostraba incipientemente el inicio de sus pechos; y su falda de tubo corta que se ceñían a sus caderas poderosas. Sus zapatos negros de tacón grueso y discretos. Estaba enamorado platónicamente. Pese a ser de siempre un tipo raro y parafilico, nunca se me ocurrió masturbarme pensando en ella. Su voz celestial, no merecía tales prácticas terrenas.

En 1995, dejó de llamar. Alguien me comentó que la habían trasladado a otro lugar. Nunca se despidió de mí. Y he de reconocer, que anduve algún tiempo pensando en ella. Me sabía muy mal que el destino me hubiera quitado el placer de oír su voz para siempre.

Un año más tarde, en una cena- convención de la empresa, alguien se acercó a la mesa donde yo estaba con otros compañeros, y me presentó a una mujer. Te presento a Berta.

Allí estaba de nuevo su voz. Pero yo no había acertado ni una. Era otra persona, totalmente distinta a mi Berta telefónica. No era ni mejor ni peor. Era otra.

La verdad es que lamenté haberla encontrado. Al menos, yo ya me había resignado a guardar su voz y su imagen ficticia, como un pequeño tesoro particular, íntimo, hasta el día de mi muerte.
Ahora, a veces, cuando me siento un poco solo, todavía reconstruyo esa chica del teléfono que nunca existió. Y oigo su voz. Durante tantos años, fue …..mí rayo de luna……..



(de Diarios)

1 comentario:

Bel dijo...

Me ha gustado mucho, ¿Daniel?. Muy bien escrita la descripción de las fantasías masculinas. Y me encanta que mis amigos me permitáis asomarme a ellas.
Un abrazo.
(Si no te molesta, voy a enlazarte en mi blog).