miércoles, noviembre 28, 2012

Circunloquio



Si Julian Lasagne va a Estocolmo, es probable que expire de frío. Antes le inculparan por violentar chicas suecas, claro. Yo no me lo creo ni mucho ni nada. Porque antaño,  si algo había en este mundo más asequible, era seducir a una fémina escandinava.
Será que Suecia habrá cambiado inmensamente.
Tanto, que Jean Baptiste Poquelin en 1648, cuando apenas nadie le llamaba Molière, saltó con pirueta incluida  desde lo alto del carromato de su Ilustre Teatro hasta caer sobre el prado humedecido por la Loire, allí en su verde Turena, y gritó a los otros:
–¡¡Descartes está en París!!  ¡¡Nous allons!!.
Tras deambular por la República Neerlandesa como un hurón, bajo el lema ovidiano de “bien vive quién bien se esconde” y mudar trece veces de domicilio, Renatus Cartesius se había empecinado en terminar su Tratado del Hombre en lo que restaba de la Lutetia romana, agitada entonces por La Fronda, y fue en esos días que se apercibió que ya todos le miraban con caras largas. No era de extrañar porque en la universidad de Utrecht le acababan de decir aquello tan antipático de “recoja sus cosas y no vuelva usted mañana” y en la de Leyde ya le habían mentado todos los nombres del cerdo. Mientras, la Santa Sede  meditaba  que un Galileo más o un Galileo menos, no se notaria.
Tienes un e-mail, le dijo alguien. Sí.
La ambigua reina Cristina, - porque en algunos retratos es rubia y mona, y en otros morena y con rostro de équido asustado- acababa de rubricar con mucho gusto en Westfalia y ahora la amazona impenitente, la Diana Cazadora contumaz y la terca campeona de esgrima, se aburría.
Columna regni sapientia balbuceó y luego la holmiense  soberana advirtió a René que disponía habitaciones vacantes en su casa frente al Grand Hotel.
El inconveniente quizá, era que la bella sagitario solía ser de sueño breve y la sapientia regni se impartía todos los días a las cinco de la mañana. Mucho antes, claro, que los congelados benedictinos en algún remoto lugar de la península, pudieran pensar en la Lectio Divina de Maitines. Las clases intempestivas de cartesianismo duraron parece ser, cinco meses. Al sexto, el ayo extranjero sucumbió. Meditaciones metafísicas, sí, pero sin una triste bufanda.

lunes, noviembre 19, 2012

A Isabel Núñez



El azufaifo lloroso. Todos los árboles hoy se han quedado solitarios y las viejas postales de una ciudad se han azafranado para siempre. En el cielo seguirán surcando las nubes, como blancas palomas inertes. Tus nubes. En ellas, en su silente cortejo, siempre te recordaremos y hablaremos de ti. Caen las hojas, desfallecen de lo más alto. Pero hablaremos de ti,  como si tú,  eternamente estuvieras aquí.

viernes, julio 27, 2012

Siesta



Bochorno. El erial es abrupto. Polvoriento. El aroma del  azahar me miente; suaviza el aire. Fantaseo un paraje ameno porque los jilgueros pían una canción sabida. Hay un arroyo. Un rumor. Una ofrenda de fresca agua cristalina. Mi alma toda miel.
Bochorno. Es  un simple reguero árido y un cañaveral mustio. Un áspid  que ansía dentellear, repta. En el piélago desecado una oscura tartana zíngara, vaga sonámbula en el cieno. Mi alma toda lodo.
Despierto. Mis pequeñas cosas de siempre, bajo el cielo plácido.




lunes, junio 04, 2012

Days tripper


Me pregunto lo que significa con rigor el término, kafkiano. Algunos diccionarios se inclinan por complicado, extraño, absurdo. Otros van más allá y hablan de sinónimo de angustioso. Alguien enuncia un primer surrealismo. Estimo en privado, que se trata de un adjetivo como una omnisciente muletilla. Una wasted word. Una palabra cajón donde también cabe Lovecraft, Poe y algunos versos de Baudelaire.
Porque en verdad a Kafka no le han contorneado todavía o no suficiente. No  hay aún un convenio unánime de qué, quién, por qué, cómo, era Franz Kafka. Consta que Benjamín y  Scholem abominaban la biografía que hizo Max Brod. Y sin Brod, apenas queda Kafka.
Observando a un  contemporáneo  suyo- y en principio nada sospechoso en torturas interiores-  Alphonse Mucha, descubro en su Museo de la calle Panská el original de Woman in the Wilderness y una vocecita en el éter me susurra al oído: He ahí el sosiego de la intranquilidad. Y en esa súbita sentencia, es quizás donde se esconde todo el significado -mi definición particular, claro- del vocablo kafkiano. 



Mucha, en realidad es más un decorador que un pintor. Sobre todo en este actual wasted world y más concretamente por estos pagos donde habito, que se utiliza ñoñamente para hermosear cajas de vinos espumosos. Pero Mucha tiene otro lado sin duda. Hay una vertiente obscura, acaso inquietante.  
Debo postular -erróneamente o no- leyendo a uno y contemplando al otro, que ambos debieron pasearse a menudo por ese ambiguo landscape  limitado por la manzana que forman las calles Maiselova, Siroká y el meandro del río Moldava y entonces quizás habría que hacer sitio en el cajón para ubicar un poquito de Mucha.
Rilke, no. No debió callejear ni deambular por aquellos lares porque a Rilke en Praga, no le conoce ni Dios.  


He estado tentado- hay que calificarlo ya de individual vicio- de acompañar este texto con algún video de Jocelyn Brown, de Ben Webster o de Alice Russell que últimamente es lo que me apetece escuchar. Pero sería absurdo. Es decir, como dicen otros –algunos- sería kafkiano.

sábado, mayo 19, 2012

Taurocatapsia



Hablar de tauromaquia me es sumamente complejo. Imagino que, quizás, para poder hacerlo es necesario acudir a alguna peña taurina vestido de domingo y con un clavel rojo en el ojal. Y claro está, acompañado de una rotunda hembra, porque al fin y al cabo de una forma subliminal, es eso lo que subyace. Es de eso de lo que se trata. También en algunas  procesiones de semana santa, late de un modo subterráneo ese hondo subespacio elevado.

Imagino, que hay que pedir unas copas y escanciar manzanilla muy fría en ellas. No está demás acompañar la sosegada libación con alguna tapa de lomo de cerdo frito. Es entonces cuando se puede sumarse a una tertulia y comenzar a charlar, horas y horas, para proferir ingentes cantidades de tonterías hasta que uno, o entre todos,  acabe por pronunciar algo interesante.
Algo semejante ocurre en el ruedo. De cada cien diestros siniestros, surge a veces un torero. Uno puede gastar su vida perdiendo el tiempo y  concurriendo a espectáculos bochornosos que están bajo el nivel del más vulgar matarife. En una ocasión una amiga me dijo:-“cada vez que salgo de los toros me digo que no volveré más; sin embargo en la próxima corrida, ahí estoy, de nuevo en la plaza”-. Esa es la grandeza y el horror del universo del toro. Se puede acudir mil veces a una plaza de toros y no haber presenciado nunca nada extraordinario. Sin embargo hay quien acude y en contadas ocasiones ha podido lograr ser, milagrosamente, espectador de lo sublime. Es en este instante cuando no quisieras que jamás terminaran esos cinco o diez minutos divinos que llevan el alma a la emoción y a la excelencia. Pero no sé si vale la pena, esperar tanto tiempo.
Prohibir este tipo de eventos, sin duda, es caer en la creencia de concebir una sociedad más aséptica y moral, pero fallida, porque que a fin de cuentas la colectividad será tan sucia como lo ha sido y será siempre;  y además, es la emasculación de que la posibilidad de lo glorioso  pueda manifestarse.
Aún así, se me hace muy difícil hablar, de tauromaquia.





sábado, marzo 24, 2012

Legendary drums



Desde que murió el inolvidable Rory Gallagher en 1995, su último batería Rod De’Ath, desapareció. Nadie sabe dónde está. Alguien escribe por ahí que también está muerto. Pero al parecer no hay pruebas de nada.

En Marzo de 1975, asistí al concierto de Rory en el Pabellón de Deportes de Barcelona, en la actualidad en un increíble estado de abandono.

No recuerdo muy bien que ocurrió pero casi al final del concierto algunos- bastantes- descendimos gradas abajo presos del éxtasis musical. A saber como iba yo y un par de colegas de aquellos años, porque acabé sentado en la parte posterior del escenario al lado de Rod. Más que a su lado, fue a sus pies. En el transcurso del tiempo ha quedado estampada en mi memoria la imagen de sus extremidades inagotables, de sus obstinadas piernas batiendo endemoniadas, los pedales del bombo y los platillos del hi hat. En aquella extraordinaria noche decidí incorporar a la lista de los otros tres grandes drummers de mi predilección, a Rod De’Ath. Dos o tres días después actuaron en Madrid y San Sebastián

Hoy he localizado ese sublime documento y lo acomodo aquí, en este sencillo blog sin intención de lucro ni banners publicitarios, hasta que alguna materia gris decida que ya no sé pueda gozar, alegando unos derechos que ella, -la materia- seguramente tampoco tiene.

He ahí, los tres restantes y augustos tamborileros, objetos de mi adoración.

“GINGER” BAKER (1939)



CARMINE APPICE (1946)



JOHN BONHAM (1948- 1980)

miércoles, diciembre 28, 2011

Satura matutina del yambógrafo.

Cuando por fin llegué a Nueva York, ya no había nadie. Tampoco en Tánger.

El clado sí estaba. Allí y sobre las aceras de mi calle, pero no logro despertar.

Anhelo desadormecerme por no leer chismes de niños para mayores,

para no convertirme en hoja seca que arrastra el tiempo.

Codicio surgir de esta somnolencia para que lo nimio olvide ser sublime;

por si acaso los despiadados mercaderes de la nada renuncian a ser religión.

Desvelarme ya siempre, y descubrir de una vez por todas, por qué te quiero.



miércoles, noviembre 30, 2011

Impactus


Hacía alguna temporada que no recibía un impacto visual. De esos que me recuerdan que todavía estoy vivo en este afeado mundo que me encharca y me empequeñece día a día, y que el único camino de escape que me consiente es acosar a la belleza. O al menos, hostigar a la conmoción del esplendor del arte, a modo del psicosomático síndrome de Florencia. Sin embargo esto no es de mi libre albedrío; sucede cuando sucede. A menudo he sido proclive a los angélicos descubrimientos súbitos y a la dulce histeria que me producen. Lo especial, es que la excitada perturbación se prolonga durante meses y suele acabar en una muesca grabada en mi alma, más apaisada pero indeleble en el decurso del tiempo.

Esta última sacudida óptica fue en los esbozos de este otoño, frente a frente al I martiri gorcomiensi de Cesare Fracassini. No sé cual es la causa de mi desasosiego. Desconozco si lo he de reputar al tema sórdido de la muerte, de la ejecución. Al sabor astringente que penetra por los ojos. Ese dejo estíptico de los pesados cuerpos, bajo los polvorientos hábitos pendidos en el aire como lúcidos poemas de François Villon. O al derrumbe de luz cenital sobre las amargas y yertas espaldas de la veintena de monjes; la incandescencia de las cabezas, de los rostros, de los gestos insurrectos de los Mendigos del Mar. Acaso sea, que entre las sombras lúgubres de la estancia conviven, desvanecidos paralelismos con el hoy.

Una subrayada imagen para mi particular acopio eidético; para mi colección de encarnaciones misteriosas subrayadas. La reproducción es buena, aunque nada hay como enfrentarse a los taninos visuales que desprende al natural; a los antocianos sensoriales de ese óleo sobre tela de 1867.


lunes, noviembre 21, 2011

La noche de Herse. La grada.






Avante el parteluz churrigueresco del ajimez, el jurisperito despuntó en su contrahaz, forzado a surtir la buena serena a la francachela itinerante de damajuanas desleídas. Los buharros aprontaron después, emboscando trinchas y bocardas lastradas de inquina, en la fracción más agachada del pasamano. Supra la batahola desemejante, deprecaba: ¿qué articulan? ¡Por Dios, ampararme! ¿qué prorrumpen?. Agoró y de sus entrecerrados bezos desaguaron lúgubres avechuchos de la amaranta sibila:

-Anegarte has, del mismo cieno que acogotó al trivial turmódigo- Premiosamente la behetría declina por el álveo del holgado, enojoso y excesivo lapso.

miércoles, noviembre 02, 2011

....tes rêves ne sont plus ceux d'un enfant...

…. el rayo verde, agoniza extenso sobre el rasgo de la colina y la luminiscencia del atardecer desea estallar sobre los losas del jardín, pero simplemente se enuncia como una caricia tibia y quebradiza, entre las sombras de las últimas hojas vacilantes. He ahí, esa luz que espero que suceda cada año. Breve. Insignificante tesoro propio. Ese frágil Sol que hurto para mí. Recuerdo a Peri Rossi decir que a cierta edad uno ya no puede suicidarse; sólo auto- eutanasiarse. El aire dulce huele a disgregación, a vino.... y flota una indulgencia privativa.

Antes que las luciérnagas urbanas se enciendan, entre las nubes desleídas creo escuchar este dócil arpegio….